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martes, 3 de marzo de 2026

Irán derriba los THAAD de EE.UU. y consolida su mando militar

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Por TeleSUR

El CGRI neutralizó los dos escudos antimisiles estadounidenses en Asia Occidental mientras la cadena de mando iraní opera sin fisuras, extendiendo sus operaciones con sus aliados activos en una guerra que desborda fronteras.

TEHERÁN: Cinco días después de que Estados Unidos e Israel iniciaran una campaña de bombardeos coordinados contra Irán el 28 de febrero, bajo el pretexto de un supuesto reinicio del programa nuclear iraní la República Islámica respondió con una demostración de fuerza que reconfiguró el equilibrio militar en Asia Occidental. Sus misiles destruyeron, entre los objetivos estratégicos, los dos únicos sistemas de defensa antimisiles THAAD que Washington tenía desplegados en la región.

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) confirmó que misiles de precisión aéreos y espaciales alcanzaron e inutilizaron el primero de esos escudos. Horas antes, la estación de radar THAAD estacionada en la base de Al-Ruways, en los Emiratos Árabes Unidos, había corrido la misma suerte.

Con ambos sistemas fuera de servicio, el brazo de misiles de Teherán registró un éxito operativo contra la infraestructura defensiva norteamericana en la zona. La magnitud del golpe no es solo estratégica. Cada interceptor THAAD tiene un costo de entre 12 y 15 millones de dólares, y la producción anual ronda las 96 unidades con un gasto de entre 1.200 y 1.400 millones de dólares. Reponerlos, en términos materiales y de tiempo, no es una operación inmediata.

Pero Washington e Israel no apostaron únicamente por sus escudos antimisiles. El otro pilar de su estrategia fue la decapitación del mando iraní, un golpe que, sobre el papel, debía paralizar la respuesta de Teherán desde adentro. 

Los ataques del 28 de febrero causaron la muerte del líder supremo Alí Jameneí y varios miembros de su familia, junto al secretario del Consejo de Defensa, el comandante del CGRI, el jefe del Estado Mayor General y el ministro de Defensa. Una decapitación institucional que, en cualquier otra fuerza armada, habría derivado en parálisis.