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martes, 31 de marzo de 2026

La crisis en el Golfo Pérsico perjudica a RD

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Por Santo Sila Alcántara

Despertar en una República Dominicana donde los puertos están vacíos y las pantallas en negro no es una distopía cinematográfica, es un recordatorio brutal de nuestra vulnerabilidad. Como economía abierta y profundamente dependiente, navegamos en un barco cuya maquinaria se fabrica y alimenta a miles de kilómetros. 

La parálisis que acecha es sistémica y se manifiesta en venas vitales que apenas empezamos a notar: la crisis del helio amenaza con silenciar los resonadores magnéticos de nuestros hospitales, dejando a nuestros médicos a ciegas ante el diagnóstico crítico, mientras que la escasez de cobre, ese sistema nervioso de la era digital, encarece cada cable y cada motor que intenta mover nuestra industria. Hemos construido un progreso que respira por tubos externos, y hoy esos tubos muestran signos de fatiga global.

La verdadera amenaza se siente en el estómago y en el hogar. La volatilidad del petróleo y del gas licuado de petróleo (GLP) no es solo un número en la prensa; es el riesgo real de que la estufa de la familia dominicana se apague o que el transporte que lleva la comida del campo a la ciudad se detenga por costos inasumibles. 

Si el suministro global de energía o metales estratégicos se detuviera hoy, nuestros motores económicos, como el turismo y la construcción, se oxidarían frente al Mar Caribe. Somos tecnológicamente huérfanos y energéticamente frágiles porque seguimos exportando como chatarra el cobre y el aluminio que mañana necesitaremos para remendar nuestra propia infraestructura, mientras importamos a precios de oro los químicos para una agricultura que ha olvidado cómo nutrir la tierra con lo local.

Esta encrucijada debe ser el catalizador para dejar de resolver sobre la marcha y empezar a construir soberanía real. La resiliencia no vendrá de las remesas, que son volátiles, sino de una economía circular que valore lo nuestro y de una comunidad que pase del consumo desechable a la cultura de la reparación. 

Estamos a tiempo de entender que nuestra pequeñez como media isla puede ser nuestra mayor agilidad, siempre y cuando empecemos a blindar nuestra casa. Debemos asegurar nuestro propio helio para la salud, nuestra propia energía para el movimiento y nuestra propia semilla para el pan, antes de que el mundo exterior decida, simplemente, que ya no somos una prioridad en su lista de suministros.

El autor: Miembro del Comité Central del PLD