He escrito en varias ocasiones sobre la necesidad de un plan serio para reducir la violencia, uno que no se base en la represión.
Hoy vuelve a doler: la muerte innecesaria de un hombre humilde, que se ganaba el sustento para su familia como chofer de un camión de basura, un trabajo de por sí duro. Una turba no le perdonó un simple error, un roce con un motorista, y decidió arrebatarle la vida.
Si no apostamos por la prevención, seguiremos lamentando lo que pudo evitarse.
