Comencé en la radio en el año 1973, cuando el aire aún tenía ese misterio íntimo de las voces que acompañaban la vida cotidiana sin rostro visible.
Era un tiempo de cintas, de cabinas cerradas y de una pasión que no conocía horarios. Desde entonces, no he dejado de estar presente, como una señal constante, atravesando generaciones, cambios tecnológicos y nuevas formas de comunicar.
A lo largo de los años he dirigido varias emisoras, cada una con su propio ritmo, su identidad y sus desafíos. En cada proyecto dejé algo de mí: disciplina, creatividad, respeto por el oyente y, sobre todo, amor por la radio. Porque la radio no es solo un medio; es compañía, memoria y emoción compartida.
He trabajado de manera ininterrumpida, sin pausas ni despedidas, fiel a una vocación que se convirtió en destino. He visto transformarse el mundo de la comunicación: de lo analógico a lo digital, de la frecuencia modulada a las plataformas múltiples. Y, sin embargo, la esencia sigue siendo la misma: comunicar con verdad, conectar con la gente.
Hoy, más que hablar de radio, hablo de medios de comunicación. Porque las vías se han multiplicado y el mensaje encuentra nuevos caminos. Pero en cada palabra que emito, en cada espacio que dirijo, sigue viva aquella chispa que se encendió en 1973.
Y mientras Dios me conceda salud, seguiré aquí, frente a un micrófono real o virtual, contando historias, acompañando vidas, siendo parte de ese hilo invisible que une a las personas a través de la comunicación.
