Impensable lo que trajo consigo al país la Embajadora actual de los Estados Unidos de América, Leah F. Campos, una chica joven (por demás muy elegante), pero con una autoridad y aparente independencia para actuar.
A su llegada a República Dominicana, ha dejado caer dos "bombazos" que han estremecido de cuajo el seno de la sociedad, al margen del trato y manejo mediático de quienes lo controlan todo desde el oficialismo.
Primero, la Embajadora Campos, se la "puso en china" al oficina de la DEA en Santo Domingo, al denunciar tan pronto llegó a República Dominicana, un manejo corrupto, complaciente y servil de esos agentes, a tal punto que, por mandato de la misma Embajadora, el jefe de la DEA en Santo Domingo, no solo fue destituido y cerrada la oficina, sino también que el mismo fue enviado preso hacia su país.
Ese es un hecho novedoso.
En esta misma semana "las bombas" de la embajadora Campos han venido en cadena.
Anunció el restablecimiento del visado al señor Gonzalo Castillo, dándole visa por 10 años.
Hecho este de la visa de Gonzalo que durante años se usó para el morbo y para alimentar la campaña de descredito orquestado.
El hecho, que no deja de ser de impacto Nacional, no queda ahí, sino que la Embajadora arremete diciendo que la Embajada ha sido usada con fines políticos para afectar a personas interesadas.
Es decir, la visa o el nombre de Estados Unidos, igual que la justicia independiente han sido usado para destruir a una fuerza política opositora que se llama PLD.
Así, con la firma de la misma embajadora Campos circula un documento en el que expresa su "rechazo a que la justicia sea instrumentalizada con fines políticos".
Es decir, lo que tanto denunció el PLD, desde el 2020, quienes hoy dirigen el Estado han hecho de todo lo que nunca se debe hacer en una sociedad civilizada y cimentada en principios de decencia y convivencia pacífico.
Todo en el poder, desde el primer día, han usado de manera combinada y abusivo el aparato judicial y la fuerza mediática, en hechos combinados para la condena social, sin permitir la decisión previa de los jueces de la República.
Lo cometido contra Gonzalo Castillo, Ramón Peralta y Donald Guerrero, es un hecho criminal que lleva el terror y el rechazo a sus padres al mismo seno de sus familiares.
Hasta ahora, los argumentos de esa Embajadora, han sido contundentes e irrefutables, y todavía nadie desde el poder ni del aparato judicial se han atrevido a desmentir.
No simpatizo con la política oficial de los Estados Unidos, pero veo con sorpresa el valor y la manera frontal como dicha Embajadora hace sus denuncias, con las que pone al desnudo la podredumbre que impera en las instituciones públicas de nuestro país.