En una jornada política celebrada este domingo en el municipio de Barahona, Peña Rubio ha dejado una imagen que, para los observadores, marca el epílogo de una carrera caracterizada por el desencuentro y la improvisación.
La presencia de Peña Rubio en ese acto, estuvo marcada por la ausencia de un discurso coherente, una actitud cabizbaja y un agotamiento evidente, lo que ha sido interpretada como el reflejo de un político que ha llegado a su punto más bajo.
La trayectoria de Peña Rubio en la provincia ha estado marcada por una desconexión constante con la voluntad popular desde hace más de una década.
Sus intentos iniciales por consolidarse como candidato a senador sufrieron un revés definitivo en 2011, tras ser derrotado en las primarias por el licenciado Eddy Mateo, episodio que estableció el tono de una carrera accidentada.
Posteriormente, sus pretensiones de alcanzar la alcaldía se vieron frustradas por el incumplimiento de requisitos legales básicos (No había vivido nunca en Barahona), evidenciando una notable carencia de arraigo político. Incluso durante su ejercicio como gobernador, (Cargo obtenido mediante influencias de un miembro del Comité Político y no por mérito), su gestión fue severamente cuestionada por priorizar beneficios para su entorno familiar e inmediato, marginando a gran parte de la militancia del Partido de la Liberación Dominicana que esperaba una representación más inclusiva y efectiva de su parte.
A lo largo de los años, el electorado barahonero ha percibido a Peña Rubio como una figura vacilante y falta de carácter, lo cual se tradujo en un rechazo sistemático en las urnas. Dentro del PLD, su paso fue visto como un factor de fragmentación interna, fomentando la creación de grupos disidentes en lugar de fortalecer la organización.
Este desgaste político se materializó en su derrota contundente frente al compañero Rafael Pepe Ferreras durante la contienda por la presidencia provincial del partido. Dicho resultado no solo fue un revés electoral, sino la confirmación de que su capacidad de convocatoria se había extinguido.
La reciente salida del partido morado sella una trayectoria de alguien que nunca logró encontrar un rumbo definido. Para muchos peledeístas como yo, su relevancia pública dependió exclusivamente de decretos y coyunturas, un soporte que hoy es inexistente. Ante el escenario de este domingo, donde se mostró sin la chispa ni la voluntad de otros tiempos, resulta evidente que su tiempo político en Barahona ha terminado definitivamente. La realidad le dicta un único camino ante la falta de espacios y respaldo popular: el retiro definitivo de la actividad política local.
El autor: Miembro del comité Central del PLD
y presidente municipal de Barahona
