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domingo, 10 de mayo de 2026

Impuesto de volar: Impuestos aereos, pasajes caros y el turismo en República Dominicana

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Por Ezequiel Cuevas

La República Dominicana mantiene una de las cargas impositivas más altas de la región sobre los boletos aéreos, lo que encarece significativamente el costo de viajar. Un pasaje que inicialmente parece económico puede duplicar su precio debido a impuestos, tasas aeroportuarias y cargos adicionales, afectando tanto al ciudadano común como a la competitividad turística del país. Esta realidad contradice la aspiración oficial de convertir a la nación en un hub aéreo del Caribe.

El problema se origina en la aplicación de al menos 11 impuestos y tasas al transporte aéreo. Entre ellos se incluyen cargos por seguridad aeroportuaria, control fitosanitario, tarjeta turística y tasas aeronáuticas. Solo los gravámenes fijos para pasajeros internacionales rondan los USD$51.30, sin contar impuestos al combustible ni tributos del país de destino. En rutas internacionales, especialmente hacia Europa, los impuestos pueden superar incluso el valor base del boleto.

Esta elevada carga fiscal ha colocado a la República Dominicana entre los países menos competitivos en materia de costos aeroportuarios. En vuelos como Santo Domingo-Nueva York, los impuestos representan cerca del 40% del precio final del pasaje, superando ampliamente el promedio regional. Esto encarece las operaciones aéreas y limita la movilidad de turistas, viajeros frecuentes y de la diáspora dominicana.

El impacto preocupa especialmente al sector turístico, principal motor económico nacional. Agencias de viajes y operadores turísticos advierten que los altos costos reducen la llegada de visitantes y afectan el crecimiento del sector. Organismos internacionales como la Organización de Aviación Civil Internacional y la Asociación Internacional de Transporte Aéreo sostienen que los impuestos excesivos al transporte aéreo reducen la demanda turística y limitan el desarrollo económico.

La situación resulta contradictoria porque, aunque el Gobierno ha impulsado acuerdos de Cielos Abiertos y la expansión de rutas internacionales, la estructura impositiva continúa siendo un obstáculo para consolidar al país como centro regional de conexiones. Aunque el Estado obtiene importantes ingresos fiscales, la economía podría estar perdiendo más en turismo, inversión y competitividad. Por ello, el país enfrenta el desafío de decidir entre mantener una política recaudatoria de corto plazo o impulsar una reforma que reduzca costos y fortalezca de manera sostenible el turismo y la conectividad aérea.