Tomado de Panorama.com.do
La corrupción administrativa ha sido por mucho tiempo uno de los grandes males que adolece gran parte de los países que no tienen instituciones fuertes; que a su vez permitan combatir este flagelo de una manera correcta, y en la que ciertamente se persiga este delito con los medios apropiados, sin perder el objetivo principal de los respectivos ministerios públicos: perseguir la corrupción con expedientes sólidos y sin caer en la judicialización de la política.
En tal sentido, para el año 2014 en Brasil, se destapó un caso de corrupción constituido por una red de sobornos de empresas constructoras a políticos, a cambio de contratos públicos. La operación que persiguió la trama fue bautizada como “Lava Jato” (lava carros), entre los vaivenes típicos de la persecución política usando la justicia, finalmente en 2017 el juez federal Sergio Moro condenó a Lula a prisión, para 2018 Lula ingresó a la cárcel y este coloso de la política brasileña se jondeó 580 días preso. En 2021 el tribunal supremo anuló todas las sentencias contra Lula, porque hubo un gran “defecto procesal”, dicho en buen dominicano, el expediente no presentaba las pruebas suficientes para mantenerlo preso. Ya libre, Lula participó en las elecciones de 2022 y ganó. Hoy es presidente de Brasil y la historia se sigue contando… Prácticamente salió de una cárcel para el Palacio Nacional.
Asimismo, en la República Dominicana también se usó la justicia para perseguir a políticos. El caso “Calamar”, fue un expediente de presunta corrupción administrativa, asociación de malhechores y desfalco al Estado dominicano. En dicho expediente involucraron al ex ministro de Obras Publicas y ex candidato presidencial Gonzalo Castillo, sin embargo la jueza Altagracia Ramírez consideró que las pruebas presentadas por el ministerio público no sustentaban una acusación que justifique la apertura de un juicio de fondo contra Gonzalo Castillo y José Ramón Peralta, por lo cual fueron ambos favorecidos con un auto de no ha lugar. Libres sin responsabilidad penal alguna.
El 2028 está a la vuelta de la esquina… ¿tendrá Gonzalo el mismo destino que Lula da Silva, de perseguido político a Presidente? Quien sabe, en política todo es posible.