La partida de Gabriel Guillermo deja un profundo vacío en el deporte barahonero y en el corazón de quienes tuvimos el privilegio de conocerle más allá de la cancha.
Aunque el tiempo que compartimos fue relativamente breve, tuve la oportunidad de acumular muchas horas de conversación con Gabriel, suficientes para agradecerle el aprecio genuino, la confianza y el apoyo que brindó a nuestro proyecto político. En cada encuentro pude apreciar a un hombre franco, noble y comprometido con las causas en las que creía.
Siempre admiré el respeto y la hermandad que mantuvo con sus condiscípulos y compañeros de generación: Robinson Ortiz, Leny Joaquín Matos (Balaguer), Sixto “Anki” Garrido, Ángel Sánchez (Cacay), Marcos Féliz y tantos otros jugadores que formaron parte de aquella época gloriosa del baloncesto barahonero. En ellos se reflejaba una amistad construida sobre el compañerismo, el respeto mutuo y los valores que el deporte ayuda a forjar.
En Gabriel hubo una estrella. Para muchos, la más brillante del firmamento del baloncesto barahonero. Pero su grandeza no se limitó a los aplausos, los triunfos o las hazañas deportivas. También fue un hombre consagrado a su familia, y en la última etapa de su vida encontró en Dios y en la iglesia un camino de fe, servicio y crecimiento espiritual.
Su legado permanecerá vivo en la memoria de su pueblo, en la historia de nuestro deporte y en el recuerdo agradecido de quienes compartimos con él.
Siempre te recordaremos, gran Gabriel. Descansa en paz.
