El transfuguismo es un mal que caracteriza a la política dominicana desde siempre, pero que se ha profundizado en los últimos tiempos por la falta de ideología y de propósitos programáticos de los partidos. En la actualidad, el ejercicio de la vida partidaria nos está normada por el interés de servir a la sociedad y a los demás, sino por el interés particular de cada quien. Hoy, en política, casi todo el mundo piensa primero en “lo suyo” y después también “en lo suyo”.
Eso ha multiplicado el transfuguismo. Un tránsfuga es aquel cambia de partido como si fuera una chaqueta, según le convenga en cada momento. Esto no significa que si una persona abandona un partido por entender que esa organización ha perdido el sentido o la cambiado sus propósitos políticos, es un tránsfuga. Pero, en nuestra nación casi todo el que tiene algún nivel de importancia, cuando cambia de organización es porque le han ofrecido algo material, le han resuelto un problema importante o tiene la esperanza de conseguir algo en el posible gobierno del partido que lo recibe.
En en el proceso electoral del 2024 los niveles de transfuguismo alcanzaron niveles nunca antes visto. El PRM, como partido de gobierno, desarrolló una campaña vergonzante de “convencimiento” a alcaldes y líderes municipales de los partidos de oposición, que degradó la calidad del ejercicio político y llevó un mal mensaje a los jóvenes que desean incursionar en el campo de la política. En esa línea, hubo casos de transfuguismo que parten el alma. Fue doloroso y decepcionante ver algunos dirigentes políticos de oposición, bien formados y muy bien preparados, con tradición de manejo ético y moral, con un accionar histórico de agradecimiento y lealtad, que de repente se pasaron al partido de gobierno, dando un un salto político inimaginable y sin ninguna explicación lógica que no sea la de resolver una situación personal.
Ese proceso de transfuguismo posterior a la votación del 2020 y 2024, se incrementó de manera desproporcional, porque la Fuerza del Pueblo de manera indirecta se sumó a la campaña del gobierno contra el PLD e inició una cacería de dirigentes de ese partido que le afectó de forma sensible. Muchos dirigentes y militantes del PLD fueron sonsacados por la FP, se hicieron muchos actos de juramentaciones de ex peledeístas, y esas muestras de transfuguismo eran premiadas, valoradas y celebradas con júbilo.
En los actuales momentos, esa situación de transfuguismo se ha invertido. Como el PLD pudo resistir la campaña del gobierno para desacreditarlo y hacerlo desaparecer, está creciendo ampliamente en las encuestas y nuevamente se ha convertido en una opción de poder, ahora se está dando el proceso a la inversa. Una gran cantidad de peledeístas que se habían ido a la Fuerza del Pueblo, están retornando a su partido original. Esta es una especie de transfuguismo a la inversa, y también es lamentable pues refleja una visión oportunista de la política.
Esa situación de “lucha transfuguista” ente el PLD y la FP, es una clara y mala señal de que el próximo electoral estará caracterizado por un ir y venir de dirigentes y lideres municipales y provinciales de un partido a otro. Cuando el PRM se integre a ese festival de tránsfugas, siendo el partido de gobierno que tiene mucho más que dar, la lucha alcanzará nuevamente los niveles vergonzantes.
El transfuguismo es un comportamiento deleznable que degrada la actividad política. No importa quien sea que lo practique ni de que bando se realice. Es condenable que el partido de gobierno “sonsaque” a un dirigente opositor con artimañas, que dirigentes de un partido ganen un puesto, renuncien de ese partido, se vayan a otro y se lleven esos cargos. También es condenable que un partido opositor “sonsaque” a un dirigente de otro partido de oposición o del gobierno, con esas mismas artimañas, con ofertas materiales o con promesas insensatas.
Aunque seamos la voz que clama en el desierto, hacemos un llamado a la dirección de los tres partidos principales para que pongan freno a esta carrera alocada de transfuguismo, para que el próximo proceso electoral no se base en la compra y venta de dirigentes y militantes, que prestigien sus propuestas programáticas y su compromiso de servir a los demás por encima de la cantidad de tránsfugas que puedan recibir. Ojalá que, por la salud y el futuro del sistema de partidos, este llamado encuentre oídos receptivos en el PRM, la FP y el PLD. Amén.
