BUSCAR EN NUESTRA PAGINA

Header Ads

lunes, 27 de julio de 2026

Clientelismo político: el principal freno al desarrollo del país

0 comments
Por Alberto Peláez

Cada cuatro años se repite la misma historia. Antes de que un gobierno tome posesión, comienzan las llamadas, las visitas y las filas en las casas de dirigentes políticos. No para discutir un proyecto de nación, sino para conseguir un empleo, un contrato, una recomendación o cualquier favor que acerque al poder. Lo preocupante no es que ocurra. Lo verdaderamente grave es que muchos han terminado creyendo que para eso existe la política.

Ese cambio de mentalidad no ocurrió de un día para otro. Fue el resultado de años en los que se fue premiando al dirigente que resolvía problemas particulares por encima del que presentaba mejores ideas para el país. Lo peligroso del clientelismo no es que exista, sino que dejó de escandalizar. Terminó aceptándose como parte del paisaje político, hasta el punto de que para muchos ya no representa una distorsión de la democracia, sino una forma legítima de hacer política.

Miles de dominicanos dedican años a acompañar a un dirigente con la esperanza de que, si algún día llega al poder, les abra las puertas de un empleo público o de un nombramiento. Al mismo tiempo, muchos dirigentes alimentan esas expectativas porque saben que un favor suele generar una lealtad más duradera que cualquier discurso. Basta escuchar las conversaciones después de cada elección: aparecen los “compañeros” esperando ser nombrados, resurgen las famosas “botellas”, las comisiones políticas se convierten en oficinas de empleo y no falta quien pregunte: “¿qué hay de lo mío?”. Cuando esa escena se repite gobierno tras gobierno, la política deja de medirse por los resultados que ofrece al país y empieza a medirse por la cantidad de favores que puede repartir.

En demasiados lugares ya no se pregunta quién es el funcionario más eficiente. Se pregunta quién “resuelve”. Y muchas veces “resolver” no significa mejorar una institución, sino conseguir un empleo, acelerar un trámite o hacer una llamada. Ahí es donde el clientelismo deja de ser una práctica política y empieza a convertirse en una costumbre social.

Cada empleo entregado por compromiso político es una oportunidad que alguien preparado dejó de recibir. Cada nombramiento utilizado para pagar una lealtad partidaria envía el mismo mensaje: el esfuerzo puede esperar, las conexiones tienen prioridad. Ningún servidor público debería llegar a una institución por el partido al que pertenece, sino por la capacidad para desempeñar el cargo que va a ocupar.

El clientelismo no solo mantiene atrapadas a personas de escasos recursos. También seduce a empresarios que buscan privilegios, profesionales que esperan un decreto, dirigentes que aspiran a un cargo y militantes que esperan cobrar el trabajo político con un nombramiento. Los nombres cambian, el comportamiento se repite: acercarse al poder para obtener ventajas que deberían depender del mérito y de reglas iguales para todos. Ese es el daño más profundo que provoca. No empobrece únicamente las finanzas del Estado; empobrece la cultura política del país. Acostumbra a la sociedad a creer que una recomendación vale más que un concurso, que una llamada pesa más que un currículo y que la cercanía con el poder abre más puertas que el esfuerzo. Cuando esa forma de pensar se normaliza, el problema deja de ser exclusivamente político para convertirse en un problema cultural. Lo más preocupante es que ha logrado que miles de dominicanos terminen defendiendo un sistema que, en el fondo, también los perjudica. Con demasiada frecuencia, quienes denuncian el clientelismo desde la oposición terminan justificándolo cuando llegan al poder.

La política dominicana no necesita aprender a convivir con el clientelismo. Necesita desprenderse de él. Cada empleo entregado por compromiso político, cada nombramiento utilizado como recompensa y cada favor convertido en herramienta de control prolongan una práctica que lleva décadas frenando el fortalecimiento de nuestras instituciones. El día que la capacidad pese más que la militancia y el mérito más que la cercanía al poder, estaremos mucho más cerca del país que decimos querer construir.

El autor: Dirigente político y comunicador

No hay comentarios.: