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domingo, 26 de julio de 2026

Tomasa Tomasina cristalina como el cristal de sábila

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Por Praede Olivero Féliz

El viernes 24 de julio, 2026, me preparé para acompañar a mi amigo Ángel Arzuaga, Embajador de Cuba en la República Dominicana, en un acto en el edificio NU de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) con motivo del 28 aniversario de la visita del Comandante Fidel Castro Ruz al país y a la Primada de América, donde fue investido con el Título de Doctor Honoris Causa; pero cuando me disponía a salir recibí un mensaje de Mary Esther Carrasco Olivero que decía: “Murió Tomasa” y al leerlo la tristeza se apoderó de mí, mientras las lágrimas brotaban de mis ojos y se deslizaban por mis mejillas entretejiéndose con mis pensamientos.

Llamé a Manuel Olivero Figuereo, el más cercano de mis tíos, hijo de Tomasina, el cual me informó que tenía dos días que le habían dado de alta y acababa de fallecer en la casa de Tomás, que al medio día la llevarían para Barahona, a la funeraria El Ángel.

Salí hacia mi pueblo al último encuentro físico con Tomasina, ya inerte, imposibilitada de intercambiar conmigo como en todas las ocasiones en que nos juntábamos. Llegué a la funeraria y la coincidencia de la llegada del cuerpo de Tomasina en el mismo instante me erizó la piel y compungido lloré hasta que pude salir del vehículo a su encuentro, y al de los amigos y familiares que ya esperaban en el lugar.

Esa fue una noche de mucha tristeza, de reencuentro de amigos y viejos camaradas, de anécdotas hasta el cierre de la funeraria.

El sábado 25 asistimos a la misa de cuerpo presente oficiada por el padre Cristian Omar Canario, quien además de llevarnos por los caminos del señor, reunió sus hijos en torno al féretro con su cuerpo, resaltó que ya Tomasina había llegado a su morada definitiva, a la presencia de Dios.

Destacó la bondad, la solidaridad y la alegría que siempre la acompañaba, cómo saludaba animada cuando pasaba por su casa, que comentaba las noticias de Barahona, la región y el país, muestra de una mujer bien informada.

El padre Julio Acosta Féliz (padre Julín), dio un mensaje hermoso sobre Tomasina, como conocedor de su trayectoria, dijo entre otras las palabras que dan título a este escrito: Ella no solo es Tomasina Figuereo Espinal, realmente ella es Tomasa Tomasina cristalina como el cristal de la sábila.

Parecía el Presidente de la República emitiendo un decreto sobre el cambio de nombre, pero lo hacía con alma y corazón con su motivación final: “Tomasa Tomasina fue trabajo y servicio”.

Junto a nuestros sacerdotes estaban los Diáconos Jutito Herasme y Diógenes Gómez, quienes desde niños conocieron a Tomasina y sus bondades.

Juan Tomás dio las gracias a los asistentes a la misa, a la UASD por su solidaridad total durante el internamiento de Tomasina, al Senador Moisés Ayala por facilitar una ambulancia y a otros por su apoyo.

También hizo una síntesis del trabajo de Tomasina con la mujer, el plano político, productivo y social que la retratan de cuerpo entero como una mujer productiva, solidaria y progresista.

Manuel cerró la intervención de los familiares en la misa al destacar la presencia de Ander Martínez Medrano, mini alcalde de la Ciudad Juan Bosch en el municipio de Santo Domingo Este en la provincia de Santo Domingo, y decir las siguientes palabras realistas y emocionantes: “Mujeres como Tomasina nunca mueren”.

Partimos al cementerio Don Américo Melo, donde dimos cristiana sepultura a Tomasina, rodeada de sus familiares, muchos amigos y abrazada por un candente sol como el que ilumina y hace parir nuestras tierras, precisamente donde se da la verde sábila, que en su corazón purifica el cristal, que como parangón del padre Julin, es comparable con la vida cristalina de nuestra querida Tomasa Tomasina.

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