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domingo, 16 de agosto de 2026

Restauración: una fecha para defender la soberanía nacional

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POR ANULFO MATEO PEREZ

SANTO DOMINGO.- Cada 16 de agosto, la República Dominicana conmemora el inicio de la Guerra de la Restauración, gesta patriótica que comenzó en 1863 con el histórico Grito de Capotillo y que permitió recuperar la soberanía nacional, después de la anexión a España dispuesta por el presidente Pedro Santana en 1861.

No se trata, por tanto, de una simple fecha del calendario. El Día de la Restauración representa uno de los episodios más trascendentales de la historia dominicana y constituye un permanente llamado a defender la independencia, la dignidad y la autodeterminación conquistadas a costa de enormes sacrificios.

Los restauradores no lucharon por privilegios personales ni por acomodarse ante una potencia extranjera. Gregorio Luperón, Santiago Rodríguez, Benito Monción, José María Cabral, Gaspar Polanco, Pedro Antonio Pimentel, Federico de Jesús García y otros patriotas levantaron sus armas convencidos de que ninguna nación extranjera tenía derecho a decidir el destino de los dominicanos.

El Grito de Capotillo, encabezado por Santiago Rodríguez y secundado por otros patriotas, abrió el camino de una guerra que se extendió por gran parte del territorio nacional. Luperón se convirtió posteriormente en una de las figuras militares y políticas fundamentales de aquella epopeya, mientras Gaspar Polanco, Benito Monción y numerosos combatientes aportaron su valor a una lucha que finalmente obligó a España a abandonar el territorio dominicano.

La Restauración debe ser recordada precisamente por su profundo contenido anti-anexionista. Los dominicanos de entonces comprendieron que perder la soberanía significaba comprometer el derecho de la nación a decidir su propio destino. Por eso resulta preocupante que, en el presente, resurjan manifestaciones políticas que, de manera abierta o encubierta, parecen colocar los intereses de una potencia extranjera por encima de los intereses nacionales.

La reflexión adquiere mayor importancia ante la creciente subordinación de la política exterior dominicana a los intereses de Washington. La decisión del Gobierno de Luis Abinader de expulsar del país a nueve diplomáticos cubanos y sus familiares, presentada como una medida de política exterior, genera legítimas interrogantes sobre la independencia con que la República Dominicana conduce sus relaciones internacionales y sobre si Santo Domingo está contribuyendo, de hecho, a reforzar el aislamiento y el bloqueo contra Cuba.

La soberanía que defendieron los restauradores no puede ser entendida selectivamente. Si aquellos patriotas rechazaron la anexión a España porque consideraban inaceptable que una potencia extranjera determinara el destino dominicano, hoy también debe preocupar cualquier política que coloque al país en una posición de genuflexión frente a los intereses de otra potencia, sea cual sea su origen.

No puede haber verdadera celebración de la Restauración si al mismo tiempo se toleran proyectos políticos, económicos o diplomáticos que reduzcan la capacidad de la República Dominicana para actuar con autonomía. La amistad y la cooperación con Estados Unidos son perfectamente compatibles con la defensa de una política exterior independiente; lo que no resulta compatible con la tradición restauradora es la subordinación.

Este 16 de agosto, mientras se rinden honores a los hombres y mujeres que hicieron posible la Restauración, conviene preguntarnos qué queda de aquel espíritu de dignidad nacional. Gregorio Luperón, Santiago Rodríguez, Benito Monción y los demás restauradores no entregaron su sangre para que generaciones posteriores renunciaran silenciosamente a la soberanía conquistada.

La mejor manera de honrar a los próceres de la Restauración es defender la independencia con la misma firmeza con que ellos la defendieron: sin anexiones, sin tutelajes y sin genuflexiones ante ninguna potencia extranjera. La República Dominicana debe mantener relaciones respetuosas con todos los pueblos, pero su destino tiene que seguir siendo decidido por los dominicanos.

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