A cincuenta y seis años de aquel aciago veinticuatro de septiembre de mil novecientos setenta, la memoria del ingeniero Amín Abel Hasbún continúa viva en el corazón de la sociedad dominicana. Su trágica ejecución en un operativo policial durante los turbulentos años del régimen de los doce años segó prematuramente la vida de un brillante brillante líder estudiantil y profesional de la ingeniería que defendía sus ideales democráticos con firmeza inclaudicable.
La brutal incursión en su residencia del Distrito Nacional privó a la nación de una de sus mentes más preclaras y dejó una herida imborrable en el movimiento popular y universitario del país. Aquel crimen de Estado evidenció la extrema represión política que caracterizó a una época oscura, donde el pensamiento crítico y la lucha por las reivindicaciones sociales se castigaban con la persecución clandestina y la eliminación física.
Lejos de apagarse con su partida, el ejemplo del inolvidable secretario general de la Federación de Estudiantes Dominicanos trascendió las páginas de la historia para erigirse en un símbolo perenne de dignidad y resistencia civil. Hoy en día, su legado perdura en la conciencia colectiva y en las aulas universitarias que honran su memoria, recordando que el sacrificio de los hombres íntegros constituye el cimiento fundamental de la libertad.
