Hay quienes, desde la comodidad de una publicación en redes, pretenden reducir más de 40 años de trayectoria profesional, política y de servicio público a una simple aspiración senatorial.
Pero los ataques tienen un pequeño problema: los datos.
Edgar Augusto Féliz Arbona nació en Paraíso, Barahona, hijo del más grande político que ha dado la Región Enriquillo hasta el momento, Augusto Féliz Matos, y una paraisera de múltiples valores humanos y familiares, Dora Consuelo Arbona.
Es abogado, con maestría en Derecho Civil y Procedimiento Civil, formación en Diplomacia y Relaciones Internacionales y una extensa carrera profesional y académica.
Ha sido Procurador Fiscal de Barahona, Fiscalizador, Oficial del Estado Civil, asesor jurídico de instituciones públicas y privadas, Subconsultor Jurídico del Banco Central, asesor del Poder Ejecutivo y de la Cámara de Diputados, viceministro de Interior y Policía, viceministro de Turismo y representante de República Dominicana ante la Organización Mundial del Turismo, entre otras responsabilidades.
Director de los Comedores Económicos, y hoy ocupa una función que tampoco parece ser precisamente un premio de consolación. Dirige la Dirección de Asistencia Social y Alimentación Comunitaria, desde donde tiene bajo su responsabilidad una de las áreas sociales de mayor contacto directo con las comunidades.
En política tampoco llegó ayer.
Pasó por la Juventud Reformista, participó en la formación del Partido de la Unidad Democrática, militó en el PRD, fue miembro de su Comisión Política y posteriormente fundador del PRM y parte del equipo político de Luis Abinader. En 2012 dirigió la campaña de la Región Enriquillo I y en 2020 fue Director Nacional de Crecimiento del proyecto presidencial de Abinader, contribuyendo a incorporar decenas de miles de nuevos militantes al PRM.
Entonces aparece la pregunta incómoda:
¿De verdad alguien cree que una trayectoria así se borra porque a algunos no les guste que aspire al Senado?
Y aquí viene la parte divertida.
En Barahona, más de una carambola política ha producido senadores. Unas veces por alianzas, otras por coyunturas, otras porque el tablero electoral se acomodó de determinada manera.
Pero ahora algunos descubrieron que Edgar Féliz “no puede competir”. Bueno, que lo decida el PRM y el pueblo.
Nadie abandona una función pública de alto nivel por una senaduría simplemente por capricho. Pero los políticos también tienen derecho a decidir dónde quieren servir y hasta dónde llevar sus aspiraciones. La conciencia política no se consulta con los comentaristas de redes.
Al final, una candidatura no se gana con insultos, ni se pierde con publicaciones. Se gana con trayectoria, liderazgo, trabajo, organización y votos.
Y si alguien quiere discutir si Edgar tiene méritos para aspirar al Senado, que presente argumentos. Porque para atacar una trayectoria de décadas hace falta algo más que un teclado. “Hace falta memoria”.
