POR FELIX BETANCES, para Ecos del Sur.
De todo ha pasado y aun se espera ver pasar, en el otrora “partido de la democracia dominicana”, a raíz de que en un afán enfermizo por ser el más poderoso, se crearon las diferencias que hasta ahora, han sido insalvables entre los principales líderes o “jockeys” de dicha organización y que cada día se profundizan más y más.
Primero, creo que nadie quisiera ver que un Partido como éste, que bien pudiera representar el equilibrio democrático del País, desapareciera y mucho menos en momentos como este y peor aun en las circunstancias en que esto se vislumbra.
Ni siquiera a los verdaderos enemigos políticos de ese partido, les conviene esa debacle. Tampoco lo desea gente como quien escribe, que no tiene filiación ni preferencias políticas partidista, precisamente por no tener Fe en el sistema político que por historia conocemos.
La agonía, es un estado en que un ser vivo llega al borde de la muerte, pero en estado aun de conciencia, es decir, que conoce de las posibilidades de su pronto o inminente deceso y cuya realidad se resiste a aceptar. El instinto de conservación, condición inherente al ser vivo, le obliga a procurar hacer lo que sea, con tal de que dicho momento no llegue.
Por otro lado, se da la situación de lo que llamo “egoísmo vital” que es aquella posición que se escucha en algunas personas cuando dicen: “No importa que yo muera sino cuantos me lleve antes de morir” y en ese sentido escuche a alguien decir una vez, que a los soldados que iban a la guerra, los preparaban para morir, pero con el compromiso de antes matar, a un determinado número de contrarios.
En el caso que nos ocupa en consecuencia, vemos como un Partido que se debate entre la vida y la muerte, ha querido involucrar a todo el que ha podido, ignorando que todo este mal pudo haberse evitado, si ellos sus lideres, hubiesen tenido la inteligencia y el valor de enfrentar la situación como un dictado de la realidad que vive el País, dejando al lado los egoísmos y las pretensiones personales.
En esa agonía, responsabilidad de sus dirigentes, se ha involucrado a la Junta Central Electoral, al ex presidente Leonel Fernández, al Tribunal Superior Electoral, se irrespetó y descalificó a Monseñor Agripino Núñez Collado, a la Policía Nacional, al actual presidente de la República Lic. Danilo Medina, al Cardenal Nicolás de Js. López Rodríguez, entre otras instituciones y personalidades. No se descarta el hecho de que algunas de ellas hayan tenido algo que ver en algo, pero no es en ellos en quienes recae la responsabilidad de una muerte por falta de comprensión y de respeto mutuo como es el caso del PRD.
Todo esto, pudo haberse resuelto de manera satisfactoria aunque fuese negociada entre las partes, pero la misma desconfianza que existe entre ellos, impide una salida o solución salomónica, pero sin el descaro de decirle al Pueblo, que este siempre ha sido un partido de guerras. Ya eso suena muy feo.
El desahucio, advierte la muerte inminente del enfermo y por tanto obliga a prepararse para las exequias u honras fúnebres, para lo que nunca nadie está preparado y como dicen nuestros amigos y hermanos del Cibao: “La verdad es mala de ver”; dicho a lo cibaeño.
Creo que aun hay tiempo de salvar al enfermo, ojalá y que esto ponga a pensar a los que ya no creo que sean líderes, sino simples dirigentes porque con su accionar, han perdido sus condiciones como tales y que en vez de propiciar su sepelio y tener que soportar los cargos de conciencia por tan abominable crimen, se despojen del orgullo y la sinrazón que los agobia.
De lo contrario, no importa que busquen al Papa, ni al Cardenal, ni al Reverendo, pues no los salvaría ni Dios ni el Diablo.
De todo ha pasado y aun se espera ver pasar, en el otrora “partido de la democracia dominicana”, a raíz de que en un afán enfermizo por ser el más poderoso, se crearon las diferencias que hasta ahora, han sido insalvables entre los principales líderes o “jockeys” de dicha organización y que cada día se profundizan más y más.
Primero, creo que nadie quisiera ver que un Partido como éste, que bien pudiera representar el equilibrio democrático del País, desapareciera y mucho menos en momentos como este y peor aun en las circunstancias en que esto se vislumbra.
Ni siquiera a los verdaderos enemigos políticos de ese partido, les conviene esa debacle. Tampoco lo desea gente como quien escribe, que no tiene filiación ni preferencias políticas partidista, precisamente por no tener Fe en el sistema político que por historia conocemos.
La agonía, es un estado en que un ser vivo llega al borde de la muerte, pero en estado aun de conciencia, es decir, que conoce de las posibilidades de su pronto o inminente deceso y cuya realidad se resiste a aceptar. El instinto de conservación, condición inherente al ser vivo, le obliga a procurar hacer lo que sea, con tal de que dicho momento no llegue.
Por otro lado, se da la situación de lo que llamo “egoísmo vital” que es aquella posición que se escucha en algunas personas cuando dicen: “No importa que yo muera sino cuantos me lleve antes de morir” y en ese sentido escuche a alguien decir una vez, que a los soldados que iban a la guerra, los preparaban para morir, pero con el compromiso de antes matar, a un determinado número de contrarios.
En el caso que nos ocupa en consecuencia, vemos como un Partido que se debate entre la vida y la muerte, ha querido involucrar a todo el que ha podido, ignorando que todo este mal pudo haberse evitado, si ellos sus lideres, hubiesen tenido la inteligencia y el valor de enfrentar la situación como un dictado de la realidad que vive el País, dejando al lado los egoísmos y las pretensiones personales.
En esa agonía, responsabilidad de sus dirigentes, se ha involucrado a la Junta Central Electoral, al ex presidente Leonel Fernández, al Tribunal Superior Electoral, se irrespetó y descalificó a Monseñor Agripino Núñez Collado, a la Policía Nacional, al actual presidente de la República Lic. Danilo Medina, al Cardenal Nicolás de Js. López Rodríguez, entre otras instituciones y personalidades. No se descarta el hecho de que algunas de ellas hayan tenido algo que ver en algo, pero no es en ellos en quienes recae la responsabilidad de una muerte por falta de comprensión y de respeto mutuo como es el caso del PRD.
Todo esto, pudo haberse resuelto de manera satisfactoria aunque fuese negociada entre las partes, pero la misma desconfianza que existe entre ellos, impide una salida o solución salomónica, pero sin el descaro de decirle al Pueblo, que este siempre ha sido un partido de guerras. Ya eso suena muy feo.
El desahucio, advierte la muerte inminente del enfermo y por tanto obliga a prepararse para las exequias u honras fúnebres, para lo que nunca nadie está preparado y como dicen nuestros amigos y hermanos del Cibao: “La verdad es mala de ver”; dicho a lo cibaeño.
Creo que aun hay tiempo de salvar al enfermo, ojalá y que esto ponga a pensar a los que ya no creo que sean líderes, sino simples dirigentes porque con su accionar, han perdido sus condiciones como tales y que en vez de propiciar su sepelio y tener que soportar los cargos de conciencia por tan abominable crimen, se despojen del orgullo y la sinrazón que los agobia.
De lo contrario, no importa que busquen al Papa, ni al Cardenal, ni al Reverendo, pues no los salvaría ni Dios ni el Diablo.
