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jueves, 18 de julio de 2013

OPINION: Liquidan al balaguerista Castillón-I

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POR JOSE ALCANTARA
Para Ecos del Sur.

Para el periodo 1974-1978, el gobierno dictatorial del presidente Joaquín Balaguer, prometió que las libertades públicas serian respetadas y que los periodistas que habían sufrido en carne propia la represión del régimen tendrían la oportunidad de  poner en práctica la “libertad de expresión y difusión del pensamiento”. La izquierda estaba en un proceso lento de recuperación, debido a que la mayoría de sus dirigentes estaban presos, muertos o en el exilio. El Movimiento Popular  Dominicano (MPD), en su declarada guerra  en contra del régimen tirano, era el grupo revolucionario que más había sufrido las agresiones criminales de la dictadura.

Aunque durante todo su gobierno, Balaguer con los asesinatos de jóvenes revolucionarios venia dejando viudas y madres enlutadas, acogió el 1975 como “año internacional de la mujer”. Nosotros los revolucionarios sentimos que fue una burla de este señor a todas las madres dominicanas, principalmente a las que les habían asesinados a sus hijos.  El 15 de febrero de ese año es apresado y desaparecido el inolvidable camarada Juan Pablo Pelayo Feliz, un cuadro incorruptible de nuestro partido MPD. Un mes después, en una acción salvaje, es asesinado el 17 de marzo el periodista Orlando Martínez (PCD), quien en  su columna periodística hacia critica al latifundio y a la tenencia de la tierra por parte de altos funcionarios y militares del gobierno.

En el año 1976 el pueblo Dominicano recibió una noticia importante para todos los creyentes católicos, en el vaticano había sido ordenado cardenal el monseñor Octavio Antonio vera. Esto sucedió el 22 de abril. Pero esta importante designación no detenía las acciones cavernícolas del régimen de turno, quien a través de sus cuerpos represivo mantenía al pueblo quisqueyano en zozobra, prácticamente en un estado de sitio. En Barahona, los principales dirigentes estudiantiles de la época de los diferentes frentes, seguían escondidos en casas de seguridad. Ya muchos de ellos se habían marchado a la Universidad, en la capital Dominicana. Los cuadros de la Línea Roja del 1j4 y del MPD, seguían coordinando acciones para la movilización en contra de la situación imperante en el país.

En el año 1977, la crisis en los precios del azúcar, principal rubro de la economía, había provocado una fuerte crisis en el gobierno. Esto se combino con la subida de los precios del petróleo, que  desde 1976 venía  teniendo una tendencia hacia el incremento de los precios. A pesar de eso, el Presidente Balaguer había empezado a preparar a sus militantes para un nuevo mandato.  A pesar de las contradicciones entre los militares, incluidos policías, todos querían que el gobierno siguiera  más allá de 1978. Aquí en Barahona, en las grandes movilizaciones convocadas por el PRD en el parque central, sus dirigentes le prometían “villas y castillas” a nuestra empobrecida población.

 El llamado Acuerdo de Santiago seguía como fuerza activa y el Partido Comunista Dominicano (PCD) decidió participar en las  elecciones, llevando como candidato a la presidencia al señor Narciso Isa Conde y como candidato a la vicepresidencia a Pericles Ornes. Esto levanto muchas críticas a esa organización. La verdad es que,  el año 1977 era decisivo para el continuismo Balaguerista. Los jefes militares y policiales, ordenaron que se ondeara la bandera colorada del partido reformista en los cuarteles y fusiles de los miembros del ejército, para con esto meterle miedo al pueblo. Pero el pueblo dominicano nunca ha tenido miedo, todos salíamos a las calles a denunciar al régimen asesino  y a reclamar reivindicaciones para los barrios.

Los servicios de seguridad activaron para ese año a todos sus chivatos o calieses para que ubicaran a todo lo que se sospechara que fuera un militante comunista. Pero también la izquierda vigilaba el movimiento de estos sinvergüenzas. Es así como la Línea Roja del 1J4, asimilando lo que el MPD había ejecutado contra algunos miembros del clan de los informantes, decide darle seguimiento al más  peligroso  de todos: CASTILLON. Este señor en  su ciudad natal  Santiago de los Caballeros, era miembro del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), en la era del sátrapa Trujillo y había provocado encarcelamientos y muertes a algunos miembros de familias prominentes de ese aguerrido pueblo, entre los que se encontraban algunos de los famosos panfleteros, aquellos muchachos que se dedicaban a regar volantes por las madrugadas en contra de esa tiranía.