POR RUBEN DOMINICI
Para ECOS DEL SUR.
1. La intolerancia no es nueva, es un una vieja aliada del fanatismo
Se está usando el viejo y temible término traidor o traidora como arma, como recurso, como intento de acallar las voces que tienen una posición diferente a las de otras personas que amparadas en un nacionalismo que no conoció Duarte ni sus compañeros, tratan a los haitianos, y a sus hijos nacidos aquí, como los causantes de todas las desgracias que padecemos como nación.
Cuando se cataloga de traidor, o traidora, de amar más a Haití que su propio país a todo el que cuestiona una decisión de las autoridades, se corre el riesgo de enrumbarse por la resbalosa y empinada senda del fanatismo, del sectarismo a ultranza.
Ese fanatismo y ese sectarismo a ultranza llevaron a los nazis a considerar que no tenían razón de existir los que no compartieran sus ideales y creencias, y como efecto, justificaron la exterminación de millones de personas en toda Europa, mayormente judíos y revolucionarios.
Considerar antipatriota a todo el que disiente de una posición, y más cuando esa posición viene del poder, quiérase o no, abre un hueco por donde puede pasar inadvertido el virus de la verdad absoluta, y del poder absoluto. Y ya sabemos lo que le pasó a Galileo por ignorar que la verdad de entonces era el poder, y no Ciencia.
Y la Patria no es solamente una Constitución. Es un conjunto complejo donde entran un territorio, una historia, una simbología, un subconjunto cultural, un subconjunto de valores y principios, y de manera especial, el elemento fundamental del conjunto, el subconjunto delimitador del territorio y constructor de todos los demás elementos: un subconjunto compuesto por personas de carne y hueso estratificadas social y económicamente.
De modo que, en mi humilde lógica, una traición a la Patria puede ser renegar de sus símbolos (bandera, himno, escudo, otros), aliarse con enemigos externos que entren a apropiarse de sus recursos, naturales o no, (Alcoa en Pedernales, todas las mineras de Bonao, Loma Miranda, y otras), quitarse el sombrero ante sectores económicos externos que entren a explotar a nuestro pueblo (no los nombro, pues son muy conocidos), apoyar a tropas extranjeras que entren a invadirnos, fragmentar (a conveniencia), la Historia y a Duarte.
Y como lo esencial de la Patria son las personas, un traidor de la Patria también es quien se compromete a administrar de manera honesta y transparente los recursos del Estado (que es una estructura de la Patria), y una vez que llega al poder hace y deshace, y manda al carajo a todo al que le recuerde su promesa de campaña, y critique su asombroso enriquecimiento.
Traiciones como las descritas han cometido una buena parte de los políticos de todos los colores que nos han gobernado desde 1844 al día de hoy, y por muchas personas sin honor que se han vendido por unos cuantos pesos o por posiciones en el gobierno, que al fin y al cabo es lo mismo.
En este grupo hay que incluir a los que se les han vendido al sector privado, que también recompensa esa miseria.
Y si no es que he perdido el juicio, yo nunca he estado ni en un lado ni en el otro. Más claro: nunca he tenido un cargo político, ni he negociado con el sector privado.
