POR ÁGUEDA RAMÍREZ DE RODRÍGUEZ,
para Ecos del Sur.
“La escuelita de Doña Candé”. Así fue llamada por todos la institución educativa que con tanto amor fundara y dirigiera durante 50 años Doña Candelaria De Vargas, famosa por su efectividad en lo referente a la alfabetización.
Hija de Doña Modesta De Vargas -Mollete- y Don José Deogracia Luperón -Cadé-, nació en esta ciudad de Barahona el 2 de febrero de 1882. “De estos troncos humildes nace Candelaria, quien desde niña fue sometida a las más exigentes condiciones que contribuyeron a templar su espíritu y modelar su personalidad para colocarla al fin en posiciones de meridiana verticalidad”, reza en una de sus páginas un opúsculo in memorian sobre Candelaria De Vargas escrito en 1976 por su hija Doña Altagracia Vargas de Toyos.
Desde muy joven se dedicó Candelaria al trabajo. Muerto su padre, tuvo la responsabilidad de dedicarse a contribuir con su esfuerzo al trabajo de su madre, para así ayudar con la crianza de sus hermanos y, cuando llega el tiempo de la formación de su propio hogar, procrea a Altagracia, Celeste y Fernando Vargas, a quienes desde temprano inculcó el amor por las bellas artes.
Durante su larga existencia de 91 años, Doña Candé fue famosa por dos razones: su amor por la agricultura y la floricultura, de las cuales disfrutaba con orgullo y que además le reportaba una oportunidad de sostén económico, y su vocación para la enseñanza en la actividad de alfabetizar párvulos en la escuela de Doña Candé, como todos la llamaban. Fundada en 1922, Esta escuela permaneció en funcionamiento durante 50 años, constituyéndose en “modelo y fragua de varias generaciones de barahoneros”.
La labor educativa de Doña Candé fue objeto de reconocimiento por parte de los clubes de servicio Activo 20-30 y Rotario, conjuntamente con el Ayuntamiento Municipal, instituciones que en la ocasión le entregaron un pergamino con la siguiente inscripción: “A doña Candelaria De Vargas por su incansable labor educativa”. Otro reconocimiento a su labor se manifiesta en la designación de una calle del Barrio 30 de Mayo de esta ciudad con su nombre.
“La escuelita de Doña Candé”. Así fue llamada por todos la institución educativa que con tanto amor fundara y dirigiera durante 50 años Doña Candelaria De Vargas, famosa por su efectividad en lo referente a la alfabetización.
Hija de Doña Modesta De Vargas -Mollete- y Don José Deogracia Luperón -Cadé-, nació en esta ciudad de Barahona el 2 de febrero de 1882. “De estos troncos humildes nace Candelaria, quien desde niña fue sometida a las más exigentes condiciones que contribuyeron a templar su espíritu y modelar su personalidad para colocarla al fin en posiciones de meridiana verticalidad”, reza en una de sus páginas un opúsculo in memorian sobre Candelaria De Vargas escrito en 1976 por su hija Doña Altagracia Vargas de Toyos.
Desde muy joven se dedicó Candelaria al trabajo. Muerto su padre, tuvo la responsabilidad de dedicarse a contribuir con su esfuerzo al trabajo de su madre, para así ayudar con la crianza de sus hermanos y, cuando llega el tiempo de la formación de su propio hogar, procrea a Altagracia, Celeste y Fernando Vargas, a quienes desde temprano inculcó el amor por las bellas artes.
Durante su larga existencia de 91 años, Doña Candé fue famosa por dos razones: su amor por la agricultura y la floricultura, de las cuales disfrutaba con orgullo y que además le reportaba una oportunidad de sostén económico, y su vocación para la enseñanza en la actividad de alfabetizar párvulos en la escuela de Doña Candé, como todos la llamaban. Fundada en 1922, Esta escuela permaneció en funcionamiento durante 50 años, constituyéndose en “modelo y fragua de varias generaciones de barahoneros”.
La labor educativa de Doña Candé fue objeto de reconocimiento por parte de los clubes de servicio Activo 20-30 y Rotario, conjuntamente con el Ayuntamiento Municipal, instituciones que en la ocasión le entregaron un pergamino con la siguiente inscripción: “A doña Candelaria De Vargas por su incansable labor educativa”. Otro reconocimiento a su labor se manifiesta en la designación de una calle del Barrio 30 de Mayo de esta ciudad con su nombre.
“Fallecida e inhumada en la ciudad de Santo Domingo el 10 de marzo de 1973, aún está pendiente de cumplimiento el contenido de su voluntad: Disfrutar de la paz eterna bajo la amorosa envoltura de la generosa tierra barahonera”, señala la autora mencionada en la obra ya citada.
