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viernes, 25 de abril de 2014

OPINION: Mi familia revolucionaria por siempre

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POR JOSE ALCANTARA
 Para ECOS DEL SUR.

La insurrección popular del año 1965, es el acontecimiento más importante acontecido en el siglo XX en suelo  dominicano. La patria, agredida por la oligarquía criolla y más tarde por el Imperio Norteamericano al junto de un grupo de países agrupados en la organización de Estados Americanos (OEA) fue defendida con las armas en las manos, por hombres y mujeres convencidos de que “es mejor morir por la patria que vivir sin honor”. Ese sábado 24 de abril, el pueblo al junto de las tropas militares constitucionalistas, salieron a las calles a reclamar la vuelta a la constitucionalidad y reposición del gobierno constitucional, encabezado por el Profesor Juan Bosch.

Esa insurrección popular conocida como “la revolución de abril”, fue un acontecimiento donde las diferentes provincias del país se hicieron presentes con sus mejores hombres y mujeres, para defender al pueblo quisqueyano que estaba siendo agredido por tropas extranjeras, lideradas por los Estados Unidos de Norteamérica, por orden de su presidente Lindo B Johnson, quien para justificar esta agresión, el día 28 de abril, el Departamento de Estado de los Estados Unidos comunico que las tropas enviadas a la Republica Dominicana eran para “establecer la restauración de la luz y el orden, garantizar la vida de los Norteamericanos y para evitar en lo posible, el triunfo de los comunitas” termina la cita.

Debo decir que antes de ese hecho,  de manera muy conciente, mi abuelo Benjamin Alcántara Pérez, que junto a nosotros vivió siempre en la calle Mella # 50,  participaba al junto de Manuel Nolasco (alias Come Azúcar), quien  residía  en la calle mella #58 y otros militantes revolucionarios, en  conspiraciones contra la dictadura de Trujillo. Ese hombre (mi abuelo), orientaba y llevaba conciencia  a toda la familia sobre la necesidad de instaurar en el país un gobierno revolucionario, democrático y participativo. No dejo nunca de orientarnos y de guiarnos por el sendero correcto que por siempre deberíamos transitar para lograr una patria libre. Para esos tiempos, el viejo como le decían,  era miembro del Movimiento Revolucionario Catorce de junio (1J4). y cuando esa  organización paso a ser “Línea Roja”, mi abuelo llego ha ser miembro de su comité central.

Fruto de eso, varios miembros de mi familia, participaron aquí en Barahona en los acontecimientos que se dieron después de la muerte de Trujillo, solicitando  encarcelamiento para los trujillistas asesinos y deportaciones para los miembros de la familia del tirano. Todo esto,  organizados en las filas del Movimiento Revolucionario 14 de Junio,  Partido democrático que dirigía Manolo Tavares justo. Mi familia creció conciente de que defender la patria de los ofensores internos y externos,  es un compromiso de toda la vida

Es así como llegan los acontecimientos del año 1965, que condujeron a la revolución de Abril, donde el pueblo dominicano volvió a demostrar, como lo hizo en el año 1916, con la primera invasión Norteamericana, que bajo ninguna circunstancias, nuestro pueblo permitiría en suelo patrio, botas extranjeras mancillando nuestros símbolos.

Tan pronto estallaron los primeros disparos de la Revolución  de Abril de 1965, mi tío, Ángel Leonel Alcántara (alias Nenen), que vivía para ese entonces en la ciudad capital, se integro al movimiento revolucionario y con la armas en las manos, en el puente Duarte defendió la patria  que estaba siendo agredida por malos dominicanos, encabezados por el General Elías Wessin.

El día miércoles 28 de ese mismo mes, empezaron a llegar las tropas invasoras agrupados en una mal llamada Fuerza Interamericana de Paz (FIP), e inmediatamente otro de mis tíos llamado Francisco Alcántara (alias Frank)  preparo sus maletas y escondido de los esbirros y chivatos del momento, se marcho a la ciudad de Santo domingo y como ya lo había hecho anteriormente mi tío Nenen, se integro al Comando Militar llamado Barahona, en honor a nuestro querido pueblo, y con gallardía también se dedico a defender a la Patria de los malditos invasores.
 

De seis  hijos varones procreados por Altagracia Alcántara, ya había dos que para el mes de Marzo de 1965, estaban integrado a la defensa de nuestra soberanía. Ese mismo mes, el día viernes 5 específicamente, en horas de la madrugada, sale  para el Distrito Nacional, capital de la Republica Dominicana otro miembro de la familia, mi padre José del Carmen Alcántara (alias Silá), quien después de pasar varios retenes de la fuerza militar reaccionaria de Elías Wessin, llego a la zona constitucionalista e inmediatamente lo integraron al comando Barahona.

Quedaron con la Familia, mis tíos  Bienvenido, Ángel y Elpidio, que junto con mis abuelos Benjamin y Altagracia (alias Ñano), se dedicaron a cuidar a toda la familia, mientras los demás se dedicaban a defender a nuestro pueblo  de la agresión recibida por fuerzas nacionales y extranjera. Tres hijos de mi abuela Ñaño,  dedicado a la defensa de la patria, en la revolución de abril del año 1965. No hubo ninguna madre en el País que le aportara tres hijos a la revolución del 65. Eso tan solo lo hizo mi abuela, las que nos crío, nuestra madre. Se sentía orgullosa y ese orgullo se lo transmitía a la familia. Era hermoso oírla hablar de los acontecimientos en los que participaron sus hijos. Del patio de la Calle Mella #50, salieron más de 20 hombres a la ciudad Capital a servirle desde la trinchera a ese acontecimiento histórico. Mi tío Bienvenido Alcántara, chofer de carro publico para la época, logro entrar a ciudad nueva, pero nunca se quiso quedar en la ciudad amurallada.

Mi padre José del Carmen Alcántara (alias Silä) , quien tenia como oficio el ser Albañil, tuvo el privilegio en plena revolución,  de construir en el cementerio llamado Panteón Nacional,  la ultima morada del hombre rana Elio Capocci, caído en combate y llevado a ese venerado lugar por orden del presidente en armas Coronel Francisco Alberto Caamaño. En todos estos meses que conmemoramos este acontecimiento importante para nuestro país, he querido a través de esta líneas, decirle al mundo la aportación de mi familia a la defensa de la patria mía, la República Dominicana.