No obstante, al final de 22 años de ocupación haitiana, resurge la idea republicana, cuando Juan Pablo Duarte y un grupo de patriotas, proclaman la independencia nacional el 27 de febrero de 1844. Meses después, diputados electos para tal fin, redactan la primera Constitución de la naciente república, la Constitución de 1844, que aun con todas sus incongruencias, fue el plano sobre el cual se organizo el Estado dominicano.
Sin embargo, no es la primera constitución de la república lo que sellará en los próximos años las fallas en el desarrollo del Estado, sino la lucha desatada entre hateros y pequeños burgueses por el control del Estado, conflictos que terminarían 17 años después con la anexión de la república a España.
Pero no solo las luchas entre trinitarios y hateros infringieron danos a la organización y desarrollo del Estado dominicano, en adición, debemos señalar la conducta apátrida de la dilatadas carreras presidenciales de Pedro Santana, Buenaventura, Báez y Ulises Hereaux, quienes con pretensiones anexionistas y endeudamientos externos onerosos comprometiendo la soberanía nacional con lo que les causaron descomunales daños a la construcción del Estado.
En ese mismo orden no menos importante fueron las luchas intestinas ocurridas en la nación, como fueron las escenificadas en el siglo xix, de las cuales hay muchos ejemplos en las historia dominicana, citaremos: los enfrentamientos entre Horacio Vásquez y Juan Isidro Jiménez, que derivarían en la intervención norteamericana de 1916 que despejó el camino a la dictadura de Rafael L. Trujillo.
Rafael Trujillo eliminó los conflictos internos del pasado de la república, para dar paso a la construcción de los cimientos que en el futuro serían la base para la constitución de un Estado fuerte en el país. Base, que a lo largos de los años contemporáneos no se ha fortalecido en lo fundamental, aun existiendo las condiciones materiales, sociales y políticas para implementarlo.
En su libro "El Estado sus Orígenes y Desarrollo”, Juan Bosch dice: "la constitución es el plano del Estado”. Lo entendemos así, una constitución elaborada en base a políticas de independencia, de desarrollo y el bien común, son elementos fundamentales para la construcción de un Estado sea este capitalista o socialista. Juan Bosch no solo escribe sobre el Estado, también elabora una Constitución, la del año 1963, fundamento, para la construcción de un Estado con todas las atribuciones que le son inherentes. La Constitución del gobierno de Juan Bosch fue y será un elemento clave en la lucha del pueblo dominicano por su emancipación y soberanía.
Sus principales postulados son elocuentes: la Reforma Agraria, Justicia Social, vigencia plena de las Libertades y Derechos civiles y políticos, la participación de los obreros en los beneficios de la empresa donde trabajaban, proclamo la libertad sindical, el derecho para las tierras de los campesinos y prohibió el latifundio, instituyo que solo los dominicanos tenían el derecho de adquirir tierra en propiedad. Y la reforma de sector educación con la eliminación del analfabetismo, entre otras.
Sin embargo la Constitución del año 1963 fue sustituida por la constitución del 1966 de Joaquín Balaguer. Se cambio una constitución progresista por una conservadora.
Ahora bien ¿Que se ha hecho con la Constitución conservadora de 1966?
Muchísimas reformas, las cuales en su gran mayoría no ha beneficiado al pueblo dominicano, citaremos algunas de ellas: la ley de reformas de las empresas estatales 141-97, mediante las cuales las empresas de la extinta CORDE pasaron a manos del capital internacional, con sus consecuencias nefata para la economía nacional; reformas referente al sí o no de la reelección presidencial, cuya aplicación dependerá del ego narcisista o no del presidente de turno, y finalmente las reformas del Código Procesal Penal, entre otras.
Los párrafos anteriores, elaborados en el contexto histórico del análisis crítico del transcurrir de los hechos, revelan, que en la República Dominicana no ha existido el líder que, transformado en estadista, implementara las reformas constitucionales modernas que sean las base para organizar un Estado fuerte con los elementos materiales y las instituciones lo suficientemente sólidas y capaces de sepultar de una vez y por todas, todas las memorias del subdesarrollo, que arrastramos desde tiempos ancestrales, o si se quiere, aun sea, mejorar los indicadores sociales del desarrollo humano, que nuestras estadísticas denuncian, ser las más inferiores de las Américas. Se puede finalizar expresando: necesitamos un estadista.
