POR JOSÉ PRADO JIMÉNEZ
Para Ecos del Sur, desde Carolina del Norte.
No conozco desde donde llegó a la Isla de Santo Domingo, pero las leguminosas, familia de las plantas a la que pertenece la habichuela, eran cultivadas en la región de Medio Oriente, en la Mesopotamia, desde una época muy remota (más de 4000 años a.de C. ).
En las Sagradas Escrituras, en el libro de Génesis, en su Capítulo 25, en sus versículos 27 al 34, está registrada la historia de la transacción entre Esaú y su hermano Jacob, donde el primero vendió su primogenitura al segundo, por un plato de lentejas. Esto nos indica, que la familia de esta planta, de gran variedad, ha alimentado a personas y animales por centurias y milenios.
En la República Dominicana, las habichuelas son un componente primordial de la dieta básica, en la alimentación de las familias. Sus propiedades alimenticias, ricas en proteínas, así como su capacidad para nitrogenar el suelo mediante una relación simbiótica con microorganismos, le hace un cultivo doblemente importante, amén de todo lo que comporta en el plano económico: compra de abono, uso de equipo mecanizado, compra de combustible, empleos directos e indirectos, tanto en el cultivo como en la comercialización del producto, etc.
Este apreciado artículo es cultivado en los campos de San Juan de la Maguana, con gran dedicación, en vastas extensiones, por lo que se le reconoce como: El Granero del Sur.
Pero, este pueblo, eminentemente agricultor, enamorado de la tierra, está con” la soga al cuello”. El clientelismo político que ha venido creando importadores de nuevo cuño, dotados de certificaciones que autorizan sus negocios, se han constituido en una amenaza para los fieles hombres de la producción de dicho artículo, por las importaciones inoportunas que éstos realizan.
Creo, que la importación de este rubro y de otros que se producen en el país, como son: la cebolla, el ajo, la papa, etc, que son perecederos, deben contar con una regulación, rigurosamente supervisada, a fin de que los recursos invertidos por nuestros productores y comercializadores internos, no sufran pérdidas.
El Ciudadano Presidente de la República, señor Danilo Medina,hombre de gran sensatez, y que conoce muy bien la zona perjudicada, y que sabe, además, del esfuerzo de nuestros hombres del campo para hacer parir la tierra, debe recurrir prontamente a dar solución al problema.
Considero, que el Estado, en sus funciones de propiciador y velador del bienestar del pueblo, debe asumir la responsabilidad de salvar esa producción, y evitar pérdidas, que pueden llegar a arruinar el incentivo de cultivar la tierra; pues, lo único que acarrea la desgracia sufrida por nuestros campos, es llevar hombres a la ciudad a ampliar los cordones de miseria, y a que hombres honestos y trabajadores terminen prostituyéndose.
Si es prestada la atención debida, en estos momentos, evitaríamos tener que estar condonando deudas con bancos del Estado, y cosas peores. Nos ayude Dios.
