POR SANTOS SALVADOR CUEVAS
Para Ecos del Sur
Cada pueblo espera las aguas de la lluvia para alimentar la vida, renacer el verde y hacer crecer los frutos; en Tamayo no, aquí se reza y prenden velones para que ni una gota caiga sobre el pavimento, so pena de ser inundados y hacer de la existencia un puro infierno.
Apenas unas cuantas líneas de agua nos sorprendieron por la noche y ya al despertar en la mañana siguiente, las vías estaban casi todos anegadas de un manantial acuífero que estanca y lo incomunica todo.
Parecemos uno Venecia, con la diferencia de que en aquél manantial italiano sus habitantes cuentan con las góndolas o barquitas para transportarse sobre las aguas; acá en Tamayo hay que tirar piernas y pies en las aguas infernales, las que se posan durante días y días sobre sus calles, siendo en corto tiempo foco de contaminación que generan fiebres tifoidea, dengue, paludismo, malaria y enfermedades variadas que amenazan la existencia de nuestra gente.
Estamos ante la amenaza contante.
Un pueblo productivo y dinámico, forjador de una historia cultural, deportiva y artística poco común sobre la nación, y, sin embargo, estamos sin dolientes, sin nadie desde las esferas del Poder que diga presente en esta hora de llanto, triste, impotencia y dolor.
El Poder Local es incapaz de actuar, no sólo por las limitaciones monetarias, sino también por la falta de visión; y, desde el Poder Central, sólo hemos recibido promesas y unos compromisos que no han pasado de las palabras.
Nos consta la inversión millonaria del presente Gobierno en Tamayo, tanto en obras de infraestructura para la educación y la informática, así como inversión seguridad social y alimentaria y alimentos para los alumnos en la tanda extendida, así como en trasporte para estudiantes del municipio. Eso es innegable, pero no es razón para hacerse de la vista gorda y la indiferencia que afecta a Tamayo cuando las aguas amenazan su misma existencia.
Los tamayeros clamamos por la sensibilidad del Presidente Danilo Medina, su presencia y/o directrices son vitales en esta hora difícil que abate a sus habitantes.
Nuestra gente expresa el orgullo que siente por la brillante gestión que lleva a cabo este Gobierno, y esperamos que a corto plazo Danilo diga presente en Tamayo.
La gente está desesperada, nos sentimos abandonados y sin dolientes.
Cada pueblo espera las aguas de la lluvia para alimentar la vida, renacer el verde y hacer crecer los frutos; en Tamayo no, aquí se reza y prenden velones para que ni una gota caiga sobre el pavimento, so pena de ser inundados y hacer de la existencia un puro infierno.
Apenas unas cuantas líneas de agua nos sorprendieron por la noche y ya al despertar en la mañana siguiente, las vías estaban casi todos anegadas de un manantial acuífero que estanca y lo incomunica todo.
Parecemos uno Venecia, con la diferencia de que en aquél manantial italiano sus habitantes cuentan con las góndolas o barquitas para transportarse sobre las aguas; acá en Tamayo hay que tirar piernas y pies en las aguas infernales, las que se posan durante días y días sobre sus calles, siendo en corto tiempo foco de contaminación que generan fiebres tifoidea, dengue, paludismo, malaria y enfermedades variadas que amenazan la existencia de nuestra gente.
Estamos ante la amenaza contante.
Un pueblo productivo y dinámico, forjador de una historia cultural, deportiva y artística poco común sobre la nación, y, sin embargo, estamos sin dolientes, sin nadie desde las esferas del Poder que diga presente en esta hora de llanto, triste, impotencia y dolor.
El Poder Local es incapaz de actuar, no sólo por las limitaciones monetarias, sino también por la falta de visión; y, desde el Poder Central, sólo hemos recibido promesas y unos compromisos que no han pasado de las palabras.
Nos consta la inversión millonaria del presente Gobierno en Tamayo, tanto en obras de infraestructura para la educación y la informática, así como inversión seguridad social y alimentaria y alimentos para los alumnos en la tanda extendida, así como en trasporte para estudiantes del municipio. Eso es innegable, pero no es razón para hacerse de la vista gorda y la indiferencia que afecta a Tamayo cuando las aguas amenazan su misma existencia.
Los tamayeros clamamos por la sensibilidad del Presidente Danilo Medina, su presencia y/o directrices son vitales en esta hora difícil que abate a sus habitantes.
Nuestra gente expresa el orgullo que siente por la brillante gestión que lleva a cabo este Gobierno, y esperamos que a corto plazo Danilo diga presente en Tamayo.
La gente está desesperada, nos sentimos abandonados y sin dolientes.
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