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Lo relativo de la libertad y su relación con el conocimiento

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Por Still Pérez

¿Es posible ser libre? Desde la biblia se nos atribuye una cuota de libertad, Dios padre nos confiere el libre albedrío, de lo que se desprende que somos responsables de nuestros actos. Se puede elegir entre matar o respetar la vida, robar o respetar la propiedad ajena, violar o esperar el consentimiento del otro, etc. La libertad de elegir entre estos actos está muy ligada a la conciencia, que está formada, a su vez, por valores.

Sin embargo, muchas veces nuestra libertad está confinada o restringida por las circunstancias. No elegimos entre existir o no, ni dónde nacer ni en qué familia ni quiénes serán nuestros padres.

En ocasiones debemos elegir entre la vida y los bienes, cuando lo ideal sería que conservemos ambos. Ante un incendio en casa, nuestra cuota de libertad se ve limitada por el tiempo y las fuerzas que tenemos para elegir entre salvar objetos y la propia vida. A veces debemos huir desnudos ante un siniestro repentino que consuma nuestra morada.

Nuestra decisión en determinadas circunstancias depende en gran medida del nivel de información y conocimiento que tengamos. Alguien que sabe que beber cloro mata procurará no consumirlo; en cambio quien ignore que saltar de un décimo piso puede matarnos, probablemente corra el riesgo de lanzarse.

Queremos volar, pero sólo si nos montamos en un aparato artificial podríamos hacerlo; el hombre, gracias al conocimiento, inventó el avión para volar sobre él. 

Dios no nos ha conferido elegir prorrogar hasta  el infinito nuestra propia vida, mas sí nos ha dotado de instinto y libertad para poder fabricar otros humanos, salvo algunas fallas como la esterilidad, muchas  de las cuales la ciencia ha podido reparar.

El nivel de conocimiento y las circunstancias naturales modifican nuestra libertad, de ahí que la responsabilidad se le atribuya más a ciertos sujetos que a otros. Un enfermo mental puede matar y no ser penado, pero un experto en artes marciales en sus cabales que mataré a otro, podría ser confinado en prisión con causas agravantes, debido a su entrenamiento, porque el conocimiento es superior, en esa circunstancia, al del hombre común.

Así, la libertad que imaginamos poseer, es las más de las veces ilusoria y finita. Podemos ampliar nuestro nivel de conciencia, conocimiento y vínculos con Dios para mejorar la calidad y alcance de nuestra cuota de libertad.