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OPINION: La guerra en Ucrania

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POR SANTO SALVADOR CUEVAS

Ha estallado la guerra entre Rusia y Ucrania, caeríamos en una visión simplista y tradicional, si nos limitamos a verla como un conflicto ultra imperialista por la hegemonía comercial y el control de territorios. Hay parte de eso, pero eso ni lo es todo, ni tampoco es la parte esencial que lleva al inicio de la guerra.

Está en juego la integridad territorial de Rusia, está amenazado el equilibrio en la geopolítica global.

El punto neurálgico y de peligro a la integridad de Rusia, nace de Ucrania y no en viseversa, es decir, la intención y preparativos de Ucrania de integrar la OTAN es de donde nace el detonante.

Ucrania es un país que hasta finales de 1989, fue parte integral de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, lo que quiere decir que, no solo compartía con Rusia un mismo bloque político con el que resistían juntos el debate internacional y que se libraba entre ambos campos (capitalistas y socialistas), sino también que compartían ambos (Rusia y Ucrania) un mismo espacio y su defensa territorial.

Esa separación territorial y política entre Rusia y Ucrania no surgió de la nada, sino que fue auspiciada y promovida por las potencias capitalistas, desde dentro y desde fuera del territorio de Ucrania y Rusia.

Es de entenderse entonces el porqué Estados Unidos de América, con su territorio a millares de kilómetros de distancia de Ucrania juega un papel beligerante, hostigando, incitando y promoviendo el camino de la guerra entre Rusia y Ucrania.

Es que si Ucrania se integra a la OTAN, que es un bloque militar que liderea Estados Unidos, si se da ese hecho, es igual a permitir un cerco militar a Rusia desde la frontera de Ucrania.

Soy opuestos al camino de la guerra, apostamos por la paz universal, pero no podemos cegarnos ante el derecho que tienen los rusos a su defensa, y a no permitir que se juegue con la integridad territorial de su nación que, dicho sea de paso, si Rusia es inhabilitado, es abrir el camino para un mundo unipolar, lo que implica el fin de la paz global y el dominio absoluto de una potencia voraz, implacable que nunca ha duda cuando ha tenido que exterminar con aldeas, y ciudades enteras, tal ocurrió en Hiroshima, en Nagasaki, en Iraq, Libia y Siria.

Lo aconsejable es que los rusos tomen la palabra al presidente de Ucrania, quien, al ver el avance de las tropas rusas hacia su capital Kiev, está proponiendo el cese de hostilidades y sentarse en la mesa del diálogo.

La salida debe ser política y no militar, entre Rusia y Ucrania, sin injerencia extranjera.