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Docencia y pandemia: caso UASD.

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POR SUCRE MUÑOZ  NOVAS

La pandemia del Covid 19 ha sido un acontecimiento doloroso para toda la humanidad y ha impactado seriamente en todas las esferas de la vida humana; no es necesario detallar aquí los aspectos en que ha golpeado dicha pandemia y el dolor que ha causado, ya que son acontecimientos actuales y aún en desarrollo en todo el planeta.  Pero si queremos enfocarnos en este breve artículo en lo que ha sido el campo de la educación durante la era del Covid 19, especialmente del campo de la educación superior.

La educación superior y la educación en general, al igual que todas las áreas de la vida humana, ha sido afectada duramente por la pandemia; sin embargo, gracias al buen uso y aplicación de las modernas tecnologías de la información y las comunicaciones, los sistemas educativos en la inmensa mayoría de los países no tuvieron que detenerse totalmente, como si sucedió con otras áreas de la actividad humana.  Gracias a dichas tecnologías el pan de la enseñanza (como tanto nos gusta decirle en nuestro país) siguió llegando a los hogares y rincones del mundo; y así cada niño, cada adolescente, cada joven y cada adulto, pudieron continuar abrevando en las fuentes del saber; cada uno en sus diferentes niveles y circunstancias.  

 Claro que no todo ha sido color de rosa para la educación en estos dos años; ha habido numerosos problemas y contratiempos, además de que las desigualdades se han manifestado de forma cruda en miles de hogares que no han podido acceder a esa nueva modalidad educativa a distancia o virtual: por diversas razones, algunos por carecer de conexión o de equipos adecuados o de ambas cosas a la vez y no poseer recursos para adquirirlos; otros por vivir en lugares muy recónditos donde las señales del internet brillan por su ausencia  o son muy débiles; o por no tener un servicio estable de energía eléctrica (frecuentes apagones); otros por no poder adaptarse a esta nueva modalidad (tanto en el caso de maestros como de estudiantes), y otra gran cantidad de razones muy diversas.

En el caso de nuestro país, el sistema educativo sólo se detuvo por unos pocos días al principio de la pandemia, en lo que se reorganizaba el sistema; pero en un tiempo record pudo reiniciar su marcha y seguir llevando el conocimiento a nuestros estudiantes de todos los niveles, a pesar de las desigualdades y problemas que enumeramos en el párrafo anterior.  Pero no nos detuvimos.

En el campo de la educación superior, las diferentes universidades de nuestro país siguieron su marcha impulsadas por las modernas tecnologías, adaptándose de forma total a la modalidad virtual casi de un día para otro.  En el caso de la UASD, dicho cambio fue aún más dramático y asombroso, ya que es la mayor universidad del país, con más de 200,000 estudiantes al momento de iniciar la pandemia, cifra que la sitúa en el concierto de las llamadas megauniversidades de América Latina y del mundo.  

Muchos inclusive dudaban del éxito que podría tener la Primada de América al dar este salto de forma repentina; de una presencialidad prácticamente total a una virtualidad absoluta; sin embargo, los resultados están ahí y a la vista de todos: la UASD ha tenido un éxito rotundo en sentido general durante todo este proceso de enseñanza virtual provocado por la pandemia.  Es tanto así, que inclusive instituciones educativas que ya tenían experiencia con la modalidad virtual han solicitado asesoría a la UASD para aplicar en sus instituciones.  

Los problemas y dificultades que la UASD ha experimentado durante estos dos años de docencia virtual son prácticamente los mismos que han tenido inclusive instituciones educativas poderosas y con muchos recursos de todo tipo, situadas en naciones desarrolladas; y ni que decir de las demás universidades dominicanas, que igualmente han padecido los mismos problemas e incluso más graves. Esto, claro está, independientemente de los problemas provocados por las grandes desigualdades que existen en nuestro país, como hemos descrito en otro párrafo.  Pero esos son problemas de nuestro sistema como nación, lleno de desigualdades, no de la universidad como tal.  

El éxito logrado por la UASD en la modalidad virtual durante estos dos años no ha sido anónimo, sino que tiene varios nombres de actores que han jugado su rol de forma decisiva para lograr esa meta; pero el principal nombre que ha de ser mencionado aquí en justicia es el de la maestra doctora Emma Polanco Melo, la Rectora Magnífica de la universidad primada, quien se ha entregado en cuerpo y alma durante los casi cuatro años de su administración uasdiana para llevar la universidad a niveles superiores del estamento educativo universitario. Ha sido tal la entrega de esa dama a la academia y a la familia universitaria que prácticamente ha abandonado hasta a su propia familia para dedicarse de lleno a transformar la UASD; e incluso ha corrido riesgos muy serios, poniendo en juego en varias ocasiones su propia vida en la consecución de su propuesta y sus nobles ideales.

Gracias a ese esfuerzo de la maestra Polanco Melo la Universidad ha podido superar los enormes desafíos que tienen los sistemas educativos ante la pandemia generada por el coronavirus; la UASD ya cuenta con laboratorios virtuales, compró almacenamiento en las nubes, hay cerca de 30,000 secciones virtuales (antes eran sólo 700) logrando avanzar en ese objetivo en un 95%. Además, la UASD ha creado más de mil 200 aulas virtuales para la docencia; tiene una matrícula de más de 3,000 profesores capacitados y posee una de las plataformas más amigables; todo esto coloca a la UASD al nivel de las grandes universidades de América Latina en términos de aprovechamiento de las TICs en la educación.

Algunos sectores minoritarios que adversan a la Rectora y se oponen al orden, la paz, la organización y el respeto que la gestión actual ha traído a la Universidad, quisieron en un momento dado usar el hecho de la deserción durante la pandemia como un arma contra la gestión y de forma directa contra la Rectora; sin embargo, la realidad ha demostrado que la deserción de estudiantes ha sido un fenómeno general en todos los sistemas educativos latinoamericanos y las universidades no han escapado a esto; medios de prensa de diversos países se han hecho eco de la masiva deserción de estudiantes que han tenido las universidades latinoamericanas durante esta pandemia, desde el Río Bravo hasta la Patagonia y la Tierra del  Fuego, pasando por toda Centroamérica y el Caribe. 

  En el caso específico de nuestro país un estudio dado a conocer por el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCYT), reveló que el porcentaje de deserción estudiantil en la UASD ha sido incluso menor que el del promedio general de las universidades privadas dominicanas, ya que en éstas fue de un 19.7% y en la UASD ha sido de un 18%. 

 Este dato es sorprendente y nos proporciona una muestra del buen manejo que han tenido las autoridades actuales de la Universidad Primada de América, encabezadas por su Rectora, en el manejo de la deserción durante estos tiempos difíciles de una pandemia sin precedentes. Pero es más asombroso aún cuando tomamos en cuenta que el grueso de la población estudiantil de la UASD está conformado en su gran mayoría por los sectores más vulnerables y deprimidos económicamente hablando de la sociedad dominicana, contrario a las universidades privadas que su estudiantado proviene mayormente de las clases media y alta de la sociedad.

 Esta realidad además le da un mentís a aquellos que quisieron distorsionar la verdad diciendo que la deserción se debió a fallas de la gestión. (los que deseen consultar dicho estudio lo pueden hacer en el siguiente enlace: https://www.diariolibre.com/actualidad/educacion/2021/12/16/-cuantos-abandonaron-la-universidad-por-el-covid-19/1471257). Ese mismo estudio revela que varias universidades privadas de gran tradición y presencia han entrado en una crisis terrible, ya que la deserción en algunas ha rondado el 50% de su población estudiantil!!!

También el reputado periódico norteamericano The New York Times se hizo eco de la alta deserción estudiantil en las universidades latinoamericanas en esta pandemia (véase https://www.nytimes.com/es/2020/09/04/espanol/america-latina/crisis-universidades coronavirus.html), así como muchos otros medios tanto de América como de Europa y de otras latitudes.

Como hemos visto, desde el mismo inicio de la pandemia la Rectora realizó esfuerzos sobrehumanos para que la docencia no se detuviese y se pudiese desarrollar de la mejor forma posible, sin poner en riesgo a la familia universitaria, tomando una serie de medidas cuyos frutos hoy son palpables y trascienden aun las fronteras dominicanas, siendo reconocida a nivel internacional como un modelo de buen manejo educativo en medio de esta pandemia tan dura y complicada.

Todas las medidas y logros citados, así como la plataforma y renovación con que la UASD ha dado el salto a la virtualidad, han requerido grandes recursos de todo tipo (logísticos, financieros, humanos, etc.) que unidos a la gran experiencia virtual desarrollada por su cuerpo docente constituyen hoy por hoy un recurso invaluable, que junto al notable éxito alcanzado no deben ser descartados ni minimizados, independientemente del comportamiento de la pandemia, sino que deben seguir siendo aprovechados por las gestiones siguientes, ya que constituyen un recurso inmenso para la universidad, que puede seguir beneficiando a miles de estudiantes mediante la implementación de un sistema mixto, donde la presencialidad y la virtualidad se conjuguen en una armónica y eficaz combinación, como lo han hecho desde hace tiempo muchas universidades de todo el mundo.

En Cristo Jesús tenemos vida en abundancia.