Una pérdida lamentable para la UASD y el país, la de la maestra Virgen Peñaló; la conocí en el Recinto San Juan de la primada de América y me ganó el corazón su trato afable, su facilidad de palabras y la cortesía a flor de piel que le adornaban.
La maestra tenía un "don de gente" que lo traducía en respeto y solidaridad.
Era acreedora de la consideración de docentes, estudiantes y de la ciudadanía, especialmente por su sólida formación profesional, su trato humano en el proceso de aprendizaje y su compromiso con las causas sociales.
Siempre me sentí distinguido por ella; su trato acogedor y cálido será un referente de su atrayente personalidad y vocación de servicio.
Pido a Dios obre la debida consolación en su familia y seres queridos, a sabiendas de que su partida enlutece a compañeros de oficio, estudiantes, amigos y a una amplia comunidad de ciudadanos, a los que marcó de manera positiva con su vida ejemplar.
