En estos días celebramos el Día Internacional de la Mujer en la Diplomacia y por eso les entrego estas notas que tengo en mis archivos pues si bien es cierto que a lo largo de la historia la diplomacia ha estado dirigida por los varones, los embajadores, representantes y enviados extraordinarios y plenipotenciarios han sido generalmente en la historia del sexo masculino.
La presencia de las mujeres en puestos de liderazgo sigue mostrando una brecha importante respecto a los hombres y el ámbito de la diplomacia no es una excepción. Aunque la presencia de ellas con rango de Embajadora ha crecido en los últimos años, solo en 9 países ocupan más del 20% de los rangos de Embajadoras.
Y como es sabido que, tanto en el campo militar, como en el religioso y el diplomático, el lugar de la mujer ha estado impedido, limitado o postergado.
La incorporación de las mujeres en las embajadas se había limitado a actividades propias del sexo, de acuerdo al modo de saber de aquellos tiempos. De manera que si una mujer se incorporaba en una embajada sus labores diplomáticas, se circunscribe a las de taquigrafía, mecanografía, recepcionista, archivistas y en los mejores casos, a las de traductora.
En la gestión del señor presidente Luis Abinader y nuestro canciller Roberto Álvarez han dado pasos muy importantes tomando en cuenta el escalafón, perfil diplomático y la alternancia. Y se están designando más mujeres como jefe de misión que antes. Lo que significa que se están imponiendo por su labor y capacidad en el trabajo diplomático.
Pero nuestra historia registra un nombre que es el de Minerva Bernardino dominicana nacida en el Seibo en el 1907, fue una diplomática dominicana, promotora de los derechos de las mujeres en el ámbito internacional. Fue una de las cuatro mujeres que firmaron la carta original de la fundación de las Naciones Unidas en 1945.
Participó también en la elaboración de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, donde se aseguró en el texto la igualdad entre hombres y mujeres. Y fue vicepresidenta del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas y la primera vicepresidenta de Unicef.
También tiene el mérito del cambio de "hombres a" "seres humanos" en el texto de la declaración junto a la feminista Hansa Mehta, de la India, Eleanor Roosevelt de Estados Unidos, Shakira Ikramullah de Pakistán y Minerva Benardino de República Dominicana
Cuenta la historia, que una vez, la persona que preside una sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas se dirigió a las mujeres delegadas como “Estimadas Señoras” en lugar de “Delegadas”. Antes de que pudiera terminar lo que estaba diciendo, la Señora Bernardino había pedido la palabra para una moción de procedimiento, y expresó Cito. “Usted nos puede llamar señoras cuando nos ofrezca una taza de café o té, o nos invite al almuerzo, pero aquí en este salón, no somos señoras, somos delegadas, y deberíamos ser tratadas de acuerdo a ello”.
Para terminar por hoy, es oportuno decir que el sexo no determina la calidad del trabajo, sino la preparación y la entrega.
