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domingo, 13 de septiembre de 2026

Educación, 4 % y Pisa

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Por el Dr. Sucre Muñoz Acosta e Ing. Arq. Sucre Muñoz Novas
 Catedráticos universitarios

Siempre se ha dicho y se ha repetido hasta la saciedad que “la educación es la base para el progreso de los pueblos”; se ha repetido tanto que ya es un estribillo de uso popular; y a pesar de lo mucho qué se ha repetido nunca se exagerará la validez de dicha frase, porque la misma encierra una verdad indiscutible, prácticamente axiomática.  La educación ayuda al hombre a superarse tanto de forma individual como colectivamente, impulsando el desarrollo y el bienestar de los pueblos.

Países como Taiwán, Israel, Corea del Sur, y otros también pequeños y/o con escasos recursos naturales han logrado un alto nivel de progreso y bienestar gracias a la educación; y Japón, un país que quedó literalmente devastado al término de la 2da. Guerra Mundial, hoy día compite, y en muchos renglones supera, a potencias mucho más grandes y con mayores recursos naturales, porque le dio primordial importancia a la educación.

Por esta razón, muchos países han comprendido lo importante de invertir en la educación para lograr la superación de sus pueblos. Aquí en nuestro país, hace varios años se libró una lucha férrea, en la cual los autores de este escrito participaron activamente, en pro de lograr una mayor inversión en la educación; específicamente para lograr el 4% del PIB para invertirlo en el sistema educativo nacional. 

Hace ya casi 13 años que se logró esa anhelada conquista. Sin embargo, al día de hoy los resultados son decepcionantes:  la educación dominicana prácticamente está en el mismo lugar y en algunos aspectos ha retrocedido incluso. Las pruebas internacionales Pisa, incluyendo la que acaba de realizarse y otras más que se han hecho, así lo demuestran. Pero más allá de esas pruebas, está la propia situación que los docentes universitarios palpamos en nuestras aulas:  numerosos bachilleres con serias dificultades para leer y escribir correctamente y realizar operaciones aritméticas básicas, con un desconocimiento casi absoluto de la historia y la geografía del país, y ni que decir de lectura comprensiva, análisis de contenido y otros aspectos fundamentales, que en una gran cantidad de ellos son temas vedados, ya que carecen de la base formativa necesaria que debieron desarrollar en la educación básica y perfeccionar en la educación media. En cuanto a educación en valores, moral y cívica, urbanidad y aspectos relacionados, también hay serios problemas.

Esta problemática demuestra que el mero aumento de presupuesto en educación no es una garantía sine qua non de que la misma va a mejorar. Dicho aumento debe ir acompañado de planes, programas y proyectos bien ponderados y definidos estratégicamente, junto a un sistema de gestión de calidad con planes de mejora a escala general del sistema, a nivel regional, provincial y/o distrital e incluso a nivel de centros educativos específicos. Inspectores honestos y bien preparados juegan un papel crucial en esta parte. 

Un aspecto fundamental es la dignificación y mejoría del estatus del docente, económicamente e intelectualmente, proporcionándole la posibilidad de capacitarse en diplomados y cursos en diversas áreas tanto de cultura general como de su campo docente. Además, hay que rescatar la disciplina en la escuela dominicana, no con medidas represivas ni amenazas, sino trabajando de común acuerdo con la ADP, las asociaciones de Padres y Tutores y las autoridades del Ministerio.

La situación descrita nos recuerda el gran debate suscitado cuando se luchaba por ese 4% y le da la total razón al doctor Leonel Fernández, presidente de la República en esos momentos, cuando planteaba que él estaba de acuerdo con el 4%, pero que debían presentársele planes y proyectos concretos, fruto de un gran consenso y compromiso mediante el diálogo y análisis, de cómo se iban a invertir esos recursos. 

La posición del doctor Fernández fue mal interpretada por muchos y distorsionada a propósito por otros y se hizo una campaña terrible en su contra presentándolo como alguien que estaba en contra del 4%.  Pero el tiempo que es un juez justo le ha dado la razón a Leonel; nuestro país ya lleva 13 años aplicando ese 4% y la mejoría es prácticamente nula. ¿Porqué?  Porque no hubo una planificación estratégica, con planes concretos de mejoría, bien diseñados.  El doctor Fernández, un intelectual y educador, conocedor profundo de la idiosincrasia criolla, quería planes y proyectos que asegurasen el mejor uso de dichos recursos. El tiempo, repetimos, le ha dado toda la razón.

Otro aspecto a subrayar es que el uso intensivo y masivo de las modernas herramientas tecnológicas (computadoras, softwares, internet, y ahora la IA, etc.) tampoco son una garantía de mejoría de la educación; estas son excelentes auxiliares en el proceso de enseñanza-aprendizaje, pero no pueden sustituir el desarrollo del razonamiento y el estudio diligente y consciente del educando, ni suplantar la explicación detallada y didáctica de los temas de clase por parte del docente.

El 4% debe ser mejor empleado, a fin de que rinda los frutos más importantes que debe rendir, que es la mejoría de la calidad de nuestra educación, demostrada en la formación de nuestros estudiantes, sin desmedro de otros aspectos importantes derivados de esa inversión. De esta manera entonces se cumplirá verdaderamente en nuestro país y en nuestro pueblo esa hermosa frase tantas veces repetida, de que “la educación es la base para el progreso de los pueblos.”

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