BUSCAR EN NUESTRA PAGINA

Header Ads

martes, 27 de octubre de 2026

Barahona: una historia extraordinaria y un futuro por conquistar

0 comments
Por Natanael Gutiérrez Pérez 
 
Hace unos meses viajé al extranjero y, como acostumbro hacer, procuré visitar una librería. Allí adquirí Momentos cumbres de la humanidad, de Johan Norberg. Su lectura me llevó a reflexionar nuevamente sobre las oportunidades de desarrollo de nuestra provincia. 
 
El libro recoge una idea del historiador económico Joel Mokyr que merece especial atención: «Una sociedad que ha dejado de preocuparse por el progreso del pasado pronto dejará de creer en su capacidad de progreso futuro». 
 
Pienso en esta reflexión cada vez que observo cuánto desconocen las nuevas generaciones sobre la historia de Barahona: una provincia que alguna vez fue referente económico y comercial, pero que todavía no ha convertido su extraordinario pasado en una visión compartida de futuro. 
 
Barahona fue sede presidencial en 1913 y llegó a figurar entre las principales ciudades dominicanas de su época. Tuvo restaurantes, cines, una intensa actividad comercial y conexiones aéreas con otras islas del Caribe. Su dinamismo económico estuvo vinculado al comercio, la actividad azucarera y las comunidades de inmigrantes que contribuyeron a su desarrollo. 
 
Nuestra tierra vio nacer a Casandra Damirón, la mayor exponente del folclore dominicano. También conserva el legado artístico de José Vela Zanetti y una historia intelectual que merece mayor reconocimiento. En 1923, Juan Bosch publicó en el periódico Brisas del Birán, hecho vinculado a sus inicios como escritor y que conecta a Barahona con una trayectoria que marcaría las letras dominicanas. 
 
A ello se suman nuestra tradición exportadora, el potencial de la conexión marítima y la singularidad del larimar, cuya única fuente minera conocida en el mundo se encuentra en nuestra provincia. 
 
Hago estas menciones porque un pueblo que desconoce lo que fue difícilmente podrá comprender todo lo que todavía puede llegar a ser. Ese es, precisamente, uno de nuestros desafíos. 
 
Una mirada a las lecciones de la historia 
 
Al estudiar las grandes civilizaciones, encontramos factores que se repiten. La palabra que mejor los resume es florecimiento: innovación, conocimiento, tecnología, intercambio comercial e instituciones capaces de impulsar el progreso. Detrás de todos ellos hay una fuerza decisiva: la capacidad humana de pensar, descubrir y transformar. Por eso, el talento humano es uno de nuestros mayores recursos. 
 
En La historia del cerebro, José Ramón Alonso aborda la importancia del conocimiento en el desarrollo humano. La historia nos ofrece un ejemplo revelador: la persecución de científicos por parte del régimen nazi provocó la salida de numerosos investigadores, muchos de los cuales encontraron en Estados Unidos la oportunidad de continuar sus trabajos. 
 
Este episodio se relaciona con lo que se conoce como «El regalo de Hitler»: la paradoja de que las políticas de persecución y expulsión del régimen nazi terminaran beneficiando a otros países, especialmente a Estados Unidos, que recibió a científicos y especialistas cuyos conocimientos contribuyeron a fortalecer su capacidad científica y tecnológica. 
 
Mientras Hitler intentaba imponer una visión excluyente de su nación, sus decisiones ayudaron involuntariamente a fortalecer a otros países. La historia nos deja una lección clara: despreciar el conocimiento puede significar regalar nuestro futuro. 
 
Esta reflexión invita a mirar nuestra realidad desde otra perspectiva. Barahona no puede conformarse con disponer de recursos naturales y esperar que el progreso llegue por sí solo. Necesitamos vincular la educación con la actividad productiva. Dicho de otra manera: debemos formar a las personas que realmente necesitamos y preparar a nuestros jóvenes para responder a las oportunidades de nuestro territorio. Todavía estamos muy lejos de lograrlo, y eso me preocupa. 
 
El Sur no es profundo 
 
El historiador francés Fernand Braudel estudió la influencia de la geografía, las distancias y las conexiones comerciales en la evolución de las sociedades. Sus planteamientos ayudan a comprender por qué la conectividad resulta decisiva para el desarrollo regional. 
 
Por eso, el Sur necesita mejores carreteras, autovías y una mayor integración territorial que faciliten el movimiento de personas, mercancías y servicios. 
 
Pero la distancia no es únicamente geográfica. También puede ser institucional, económica y educativa. Podemos estar cerca de los grandes centros de actividad y, aun así, permanecer lejos de sus oportunidades. 
 
Para superar esas barreras, debemos fortalecer nuestras instituciones y elevar la calidad de las decisiones públicas. 
 
La capacidad económica de un candidato no equivale, por sí sola, a su capacidad para gobernar. Debemos revisar con urgencia la manera en que valoramos a quienes aspiran a dirigir nuestros destinos. No se trata de votar únicamente por un amigo o por alguien que nos cae bien, sino de pensar en las consecuencias de nuestras decisiones para toda la comunidad. 
 
Necesitamos valorar la preparación, la integridad, el pensamiento estratégico y, sobre todo, la voluntad genuina de aportar al bien común. Las decisiones públicas tienen consecuencias que van mucho más allá de un período de gobierno. 
 
El desarrollo exige seguridad jurídica, respeto a la propiedad privada, reglas claras y dirigentes capaces de escuchar opiniones diferentes. Las sociedades que castigan la discrepancia limitan su capacidad de innovar; las que promueven el intercambio de ideas amplían sus posibilidades de encontrar soluciones. 
 
No podemos seguir formando yes-men: personas que dicen que sí a todo para evitar el costo de defender sus propios criterios. Una sociedad necesita voces capaces de cuestionar, proponer y disentir con argumentos. La lealtad no debe estar por encima de la verdad ni el silencio por encima de las buenas ideas. 
 
Una nueva medida del progreso 
 
Desde nuestra visión, Barahona debe aspirar a convertirse en una provincia donde vivir, trabajar, invertir y formar una familia sea una decisión atractiva. 
 
Eso supone evaluar nuestro progreso más allá de las obras físicas y las cifras económicas. Debemos preguntarnos si nuestros jóvenes pueden construir aquí su futuro, si las empresas encuentran oportunidades para crecer y si las familias experimentan una mejora real en su calidad de vida. 
 
Y debemos ser concretos: necesitamos escuelas bilingües, un mercado público digno, espacios de recreación, una oferta gastronómica atractiva, mejores servicios de salud y alojamientos capaces de responder a las necesidades de visitantes e inversionistas. 
 
No son lujos ni exigencias desproporcionadas. Son componentes de una provincia que aspira a crecer, competir y ofrecer mejores condiciones de vida a sus habitantes. 
 
La expresión «Orden y progreso», inscrita en la bandera de Brasil, resume dos conceptos que merecen nuestra atención. El orden es la capacidad de organizarnos, establecer prioridades y cumplir objetivos. El progreso exige innovar, corregir errores y atrevernos a hacer las cosas de manera diferente. 
 
Esta transformación no depende exclusivamente del Gobierno, sino también del ciudadano común. Recuerdo que alguien me dijo una vez: «Barahona solo necesita de los barahoneros». 
 
La frase encierra una verdad importante: ninguna transformación será sostenible si sus propios habitantes no se sienten responsables de ella. Necesitamos ciudadanos que participen, empresarios que invierten, profesionales que aporten sus conocimientos e instituciones que cumplan con su deber. 
 
Recuperar nuestra memoria histórica no significa vivir del pasado, sino aprender de él. Las sociedades que estudian su trayectoria pueden reconocer sus aciertos, comprender sus errores y tomar mejores decisiones. 
 
Pensar para transformar 
 
Barahona tiene historia, recursos y gente valiosa. Lo que necesitamos es convertir esas fortalezas en un proyecto compartido, con prioridades claras y resultados que puedan medirse. 
 
El progreso no depende de una sola persona ni se consigue únicamente con inversiones. Requiere educación pertinente, instituciones confiables, planificación y una ciudadanía comprometida con el bien común. 
 
Pienso que nuestro mayor desafío no es identificar lo que nos falta, sino ponernos de acuerdo sobre lo que debemos hacer y comenzar a hacerlo. 
 
Históricamente, esa ha sido una de nuestras mayores dificultades: entender que el desarrollo de Barahona está por encima de nuestras diferencias y que ninguna aspiración individual puede sustituir un proyecto colectivo. 
 
Pensar es el primer paso. Ponernos de acuerdo, organizarnos y actuar es lo que puede cambiar nuestra historia. 
 
El autor : Doctor en Odontología Presidente del Movimiento Desarrollemos Barahona (MDB).

No hay comentarios.: