POR SANTOS SALVADOR CUEVAS
Para ECOS DEL SUR.
La juventud de aquella época, 1962-63, dio la cara por el gobierno legalmente constituido, surgido fruto de las elecciones celebradas en República Dominicana, el 20 de diciembre de 1962, y el que fuera derrocado de manera violenta, mediante un golpe de Estado que auspiciara y promoviera - junto a generales traidores - el Departamento de Estado de EE.UU, hecho que se llevó a cabo el 25 de septiembre de 1963.
Aquél golpe de Estado que se veía venir, desde el primer día del ascenso al poder del profesor Juan Bosch, fue denunciado de manera reiterativa por la juventud militante de aquellos años, siendo la voz más aguda y persistente la del Movimiento Revolucionario 1J4 y su presidente, el doctor Manuel Aurelio Tavárez Justo, quien en un discurso ante una concentración de más de 25 mil personas en el Parque Colón de la ciudad capital, ese líder revolucionario, que era el más carismático, visionario y fervoroso de la época, proclamó:
“Óiganlo, señores de la reacción, si imposibilitan la lucha pacífica del pueblo, el 14 de Junio sabe muy bien dónde están las escarpadas montañas de Quisqueya; y a ellas, a ellas iremos, siguiendo el ejemplo y para realizar la obra de los Héroes de Junio de 1959, y en ellas mantendremos encendida la antorcha de la libertad, el espíritu de la revolución….porque no nos quedará, entonces, otra alternativa, que la de libertad o muerte”.
Esta proclama del líder revolucionario Manolo Tavárez, debió ser asumida con beneplácito por políticos, civiles y militares, pues lo que proclamaba el Movimiento Revolucionario 14 de junio (1J4), era precisamente el respeto a la constitucionalidad vigente; pero lejos de ser asumido como un grito legalista, que se amparaba en la misma Constitución, precisamente, quienes estaban llamados a defender dicha Constitución, fueron quienes la apuñalaron por la espalda y dieron un golpe de Estado que hizo añico la Constitución de 1963, tirando abajo con ello al gobierno legalmente constituido fruto de unas elecciones generales participativas y democráticas.
Siendo coherente con lo que había proclamado ante la multitud en el parque Colón, una vez derrocado el orden constitucional, el Movimiento 14 de Junio procedió a asumir la defensa de la Constitución malograda, presentando con valor la decisión de internarse en "las escarpadas montañas de Quisqueya", siendo así como, la noche 28 de noviembre de 1963, "el 1J4 dio inicio a una insurrección, en seis frentes guerrilleros. En el más importante, ubicado en Las Manaclas, estaba Manolo Tavárez Justo. Los demás estaban en El Seíbo, San Francisco de Macorís, Altamira, Bonao-San José de Ocoa y Sierra de Bahoruco."
Esos jóvenes, entonces guerrilleros, con las armas en las manos encarnaban la esperanza del pueblo en su lucha por el retorno a la legalidad, pues con el golpe de Estado - rastrero y traidor - el gobierno establecido por la fuerza caía en ilegalidad, pues la legalidad emanaba del pueblo y no de las armas, y los visos de legalidad estaban intrínsecos en la Constitución y la Constitución fue violada por los soldados que auspiciaron el golpe de Estado.
Entonces, resultó risible ver a una cohorte de generales y oficiales que aquél día, lunes 31 de marzo del 2014, se presentaron ante la Procuraduría General de la República, a hacer acto de solidaridad con el general Ramiro Matos González, señalado por familiares y ex guerrilleros, como la persona que autorizó el fusilamiento y masacre de los guerrilleros, entre ellos el de Manolo Tavárez Justo, luego de haberse entregado vivos y sin arma ante el mando que operaba en Las Manaclas.
Penoso y risible escuchar la complicidad y no arrepentimiento, de aquellos generales al decir: "...el general Ramiro Matos, actuó en cumplimiento del deber" "Quien se alce en armas contra el gobierno legalmente constituido, tiene que atenerse a las consecuencias", etc. etc.
Es decir, estos ex oficiales están admitiendo la matanza salvaje que se cometió contra “Jaime Socias, José Cabrera, Juan Martínez, Jesús Barreiro, José Daniel Fernández, Rubén Díaz, Domingo Sánchez, Manuel de Js. Founder, Leonte Schott, Fernando Martínez, Antonio Filión, Caonabo Abel, Manuel de los Santos, Alfredo Peralta, Francisco Bueno, y Rubén Alfonso Marte Guazo", quienes -al sonido seco de las balas asesinas- fueron cayendo uno a uno a los pies de Manolo Tavárez, corriendo éste la misma suerte minutos después, todos por orden precisa del general en jefe en el campo de operaciones, Ramiro Matos González.
Es decir, estos gorilas dejan evidenciado también, que 51 años después de aquella carnicería humana, los mismos no están arrepentidos y no se han dado cuenta aún de que la Constitución de 1963 fue traicionada y malograda con el golpe de Estado traidor.
Entonces, esos militares, si es verdad que cumplían orden, la estaban recibiendo, no de un gobierno legalmente constituido, sino de un gobierno ilegal y de facto, pues la legalidad estaba del lado de los guerrilleros que reivindicaban el retorno a la Constitución de 1963; cumplir con la ley implicaba para los soldados, impedir el mandato del triunvirato y de quienes apuñalaron la Constitución de la República, al derrocar el gobierno surgido fruto de la Voluntad Popular.
Ni el general Ramiro Matos, ni sus acompañantes, ni quienes le dominaban o dirigían como maniquíes, nativos y extranjeros, actuaron amparados en la Ley, sino en la ilegalidad, por supuesto, convertidos también en carniceros que cegaron las vidas, uno a uno, a esos jóvenes guerrilleros que habían desistido de las armas, presentándose, en vez de fusiles en las manos, con banderas blancas, sinónimo de paz y rendición.
Esos hombres que reivindicaron la legalidad, que pagaron con sus vidas, su coherencia y la entereza de que: "...si imposibilitan la lucha pacífica del pueblo, el 14 de Junio sabe muy bien dónde están las escarpadas montañas de Quisqueya"; esos hombres que hoy descansan en el corazón de la Patria, no se deben dejar solos.
Esperamos que sin vacilación, con apego a la legalidad que ellos negaron a Manolo Tavárez y sus compañeros, se haga justicia!
