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La muerte de Johnny Ventura.

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Por Dr. Carlos Julio Féliz Vidal.

La muerte de una persona famosa, normalmente es una ocasión para reflexionar acerca de la provisionalidad de la vida y el sentido de la existencia. Johnny Ventura ha muerto a la edad de 81 años, después de haber sido uno de los artistas de mayor trascendencia en Latinoamérica, donde sembró, con su jocoso merengue, de alegría a tantas regiones.

Su carisma y trato afable, le permitieron ganarse el corazón de los dominicanos.

Su merengue tenía un sello distintivo, su baile en los escenarios era ágil y pícaro, como muchas letras de sus grandes éxitos.

Su música trascendió varias generaciones. Su carisma, su trato afable, su voz nítida y su depurada entonación le permitieron alcanzar un sitial envidiable en el gusto popular.

Johnny Ventura fue más que un buen intérprete de merengue; también cultivó éxitos en la política, al alcanzar la posición de Síndico del Distrito Nacional y diputado de la República, funciones que ejerció apegado a un alto código ético.

Su muerte es un duro golpe a la música popular dominicana, sin embargo, y es lo más relevante, su vida fue una cantera de aportes, que han de trascender su existencia física.

A su familia, amigos, relacionados y al pueblo dominicano, nos queda la satisfacción de haberle tenido durante ocho décadas, viéndole producir buena música y ejercer funciones relevantes, sin engreimiento, mostrando una sencillez y candidez humana, que le mantendrán vivo en la conciencia colectiva por mucho tiempo.